EDITORIAL

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Los cuidados

Queremos dedicar el presente número de nuestra revista a agradecer a quienes se preocupan por cuidar a sus semejantes. Los cuidados son fundamentales y, cuando se trata de cuidar y preservar la dignidad humana, tornan posible nuestra convivencia civilizada.

Cuidamos de los ojos que nos leen siempre que, en medio de tanta noticia sórdida y desesperanzadora, ofrecemos la búsqueda de la empatía, la compasión y la humanidad como mecanismo que vincula a las altas expresiones literarias con las mejores expresiones jurídicas.

Cuidamos de nuestros semejantes cuando reflexionamos en torno a sus derechos fundamentales, como es el de objetar en conciencia, el de ejercer (y defender) su libertad de creencias y pensamiento y el de cuestionar los conceptos que han tornado artificioso y potestativo no sólo al Derecho, sino a la inteligencia y a la conciencia humanas.

Cuidamos a la otra persona cuando nos negamos a admitir que se le prive de sus condiciones humanas más entrañables, del supuesto vital indispensable para el ejercicio de sus prerrogativas básicas, cuando nos rebelamos frente a una conceptualización subjetiva y caprichosa de su dignidad.

Los cuidados es mucho más que un título agradable para una novela, un ensayo o una película. Es la respuesta, siempre en grado de tentativa, a la pregunta que se nos escapa entre los dedos pero que sí supo resolver el buen samaritano: ¿quién es mi prójimo?

Cada que cedemos ante la discriminación y el odio, cada que callamos ante manifestaciones de deshumanización y exterminio, cada que renunciamos a la construcción de una vida digna para quienes nos acompañan por la ruta de la organización política, jurídica y económica, renunciamos a hacer de los nuestros genuinos tiempos de derechos, y contribuimos a convertirlos en épocas de oprobio y opresión.

Agradecemos a quienes, a través de sus plumas, de sus respuestas y de sus ejemplos, nos alejan de tan desesperanzadora situación y nos permiten responder, anagramáticamente, a la desoladora pregunta del procurador: quid est veritas?

La respuesta, ya se sabe, comparece frente a nosotros.

Un abrazo siempre agradecido, en la fraternidad y el cuidado de las letras.

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