En esta ocasión me propongo recomendar una novela bellísima del siglo XIX: Los Miserables, editada en 1862, en pleno Romanticismo y en una Francia invasora de lejanos países. Se trata de una denuncia de la marginación
económica y social que se vivía entonces, si bien la acción se sitúa en los años treinta del propio Ochocientos. “No sólo tememos a los asesinos y ladrones: tememos a nuestra alma”, sostiene Víctor Hugo. Hablemos un poco sobre él. Nace en 1802 y muere octogenario, en 1885. Gran escritor y poeta, tiene una vida política muy intensa. Se opone a la toma del poder por Napoleón III y se solidariza con México ante la imposición de Maximiliano de Habsburgo como emperador. Sus letras se hallan influenciadas por Voltaire, Rousseau y Shakespeare.
Los Miserables retrata también, de algún modo, la sociedad de nuestros días. Toca los temas universales: el amor, el odio, la guerra, la paz, la injusticia, la pobreza, los Derechos Humanos, el debido proceso, el bien común. Ha sido publicada en casi todas las lenguas. Se ha llevado al cine, al teatro, a la televisión, la radio, el teatro musical y a las nuevas plataformas y medios de comunicación. Su narrador, omnisciente, contribuye sin duda a semejante expansión.
La acción comienza en casa del obispo de Digne, Myriel, quien vive con su hermana Baptistina y con Maglorie, el ama de llaves. El protagonista de la obra, Jean Valjean, estuvo veinte años en la cárcel por haber robado un pedazo de pan e intentar fugarse. Libre ya, nadie lo quiere ayudar, hasta que una persona le sugiere ir con el obispo, quien lo recibe y lo invita a cenar y a dormir en su casa. Sucede aquí el primer conflicto de la novela: Valjean se roba unos candeleros y se marcha sin despedirse. La policía lo detiene y lo lleva ante el obispo, quien no sólo no lo denuncia sino que le regala también los cubiertos de plata, alegando que los había olvidado. Ya solos, Myriel le dice que ha comprado su alma y que debe cambiar de vida. Valjean así lo promete: es una conversión.
Hablemos de los personajes más importantes de esta novela, tal vez la más influyente para el estudio del Derecho modernamente codificado. Además del protagonista, Valjean, y del parteaguas de la acción, Myriel, tenemos a Javert, el antagonista, obsesionado con la ley y con perseguir a Jean Valjean. Está Fantine, madre de Cossette, que al morir le pide a Valjean que se haga cargo de su hija. Eponine, amiga de Marius, luchador social, es hija de los corruptos señores Thénardier, que explotan a Cossette cuando se supone que la han de cuidar.
Cada personaje posee su propio universo justiciero. Por ello, Los Miserables es lectura obligada para quien ama la Justicia y practica la compasión. Es, por toda razón, una gran obra de arte. Quizá la gran obra de arte.
