Tiempo de libros: Lo sexual es político (y jurídico)

Lo sexual es político (y jurídico)
De Lora, Pablo,
Madrid, Alianza Editorial, 2019, 347 págs.

 

Acaso lo primero que habría que decir de este libro es que hace honor al pensamiento irreverente como condición indispensable, en cualquier latitud, para cultivar provechosamente la filosofía política y el derecho. Desde su apertura, busca discutir una colección de acuciosos interrogantes de no fácil abordaje sin discrepancias inmediatas entre interlocutores de distintas formaciones ideológicas: la condición sexual y de género de las personas en relación con pretensiones regulatorias de nuestras normas de convivencia.

¿Deben estar los aspectos de la sexualidad reservados al dominio privado de los individuos? ¿En qué medida es posible justificar la intervención del Estado en la definición o la extensión de las relaciones íntimas de personas adultas y conscientes? Dicho en coordenadas recientemente desarrolladas en la jurisprudencia mexicana ¿en qué medida aceptamos que el libre desarrollo de la personalidad deba ser de la preocupación, la acción u omisión, de la actividad estatal? ¿Lo personal es, debe ser, político (y jurídico)?

Por otro lado, ¿en qué medida la reserva y ajenidad de la vida privada y familiar de las personas, respecto del poder público, forma parte de los compromisos estatales ante las convenciones internacionales de Derechos Humanos? ¿Debe el poder público sencillamente dejar de interferir en la vida privada, íntima y familiar de las personas?

En torno a cuestiones como las anteriores, la pregunta genuina a este respecto, afirma el autor, no es si lo sexual es político (desde el título apuesta por la afirmación), sino cómo serlo, cómo debe hacerlo y qué razones ofrece para hacerlo.

A partir de la exposición de nutridos y extremos puntos de vista, de Lora se introduce en complejidades incisivas sobre el sexo, el matrimonio y la reproducción, por una parte; la identidad, la violencia y la perspectiva de género, por otra.

El autor no escatima en presentar numerosas plataformas teóricas que permitan la reflexión exhaustiva. Polemiza sobre ellas sin ánimo concluyente, aunque a veces sí sugerente, por ejemplo, cuando identifica un “feminismo hegemónico” frente al “feminismo liberal” al que busca adherirse.

Hay dos premisas diáfanas de la filosofía política desde la que se apuntala el libro: quiere inscribirse en la tradición del pensamiento liberal de Mill y Rawls. Se postra en los presupuestos de la resistencia a la interferencia pública en la vida individual “por razones perfeccionistas”. En este aspecto resulta imposible no recordar a la Suprema Corte mexicana en el trascedente caso sobre el uso lúdico de la marihuana [AR 237/2014], en el cual acude a Carlos Santiago Nino: “Las intervenciones basadas en fines perfeccionistas no encuentran protección constitucional pues el Estado no puede exigir a las personas que se conduzcan de acuerdo con un determinado modelo de virtud”.

La segunda premisa es un consecuente: el pluralismo moral de las sociedades que busca dificultar que el Estado pueda imponer una “doctrina comprehensiva” (en la terminología de Rawls) sobre el valor de las relaciones sexuales y la identidad de género.

Se encontrarán seguramente en las propuestas de Pablo de Lora motivos para disentir. Sin embargo, no por álgidas o polémicas, y no por alguna pulverización que pudieran provocar en la opinión personal y pública, deben postergarse o dejar de debatirse, sino todo lo contrario.