TIEMPO DE LIBROS

 

Alfonso Herrera García

Doctor en Derecho Constitucional por la Universidad Complutense de Madrid. Investigador Nacional nivel I del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt.

¿Absolutismo constitucional?

Aguirre Anguiano, Sergio Salvador

México, Ed. Grupo Creativo SC, 2018, 62 págs.

Una de las más discutidas medidas legislativas impulsadas por el nuevo gobierno de la República es la reducción de las remuneraciones de los servidores públicos. En particular, la que incide en altos funcionarios se replantea en la nueva Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos, publicada en el Diario Oficial el pasado 5 de noviembre de 2018.

En realidad, ese ordenamiento dispone ahora lo que ya establecía el artículo 127 constitucional desde el 2009, pero que nunca alcanzó una solución satisfactoria: que esas retribuciones no pueden ser mayores a la establecida para el Presidente de la República. El impacto que en especial puede tener esa regla en el Poder Judicial —aunque también en los órganos constitucionales autónomos—, se ha considerado como un menoscabo a su autonomía e independencia.

La Ley ha sido objeto de múltiples impugnaciones ante la Suprema Corte, incluidos miles de juicios de amparo promovidos por los propios jueces y magistrados federales. Se trata de uno de los asuntos más importantes que deberá resolver el máximo tribunal en este 2019.

Este oportuno libro del ministro en retiro Sergio Salvador Aguirre Anguiano constituye un completo análisis sobre las circunstancias que rodean a este tema. Propone un serio conjunto de argumentos para la interpretación del artículo 127 constitucional mediante el estudio de sus antecedentes. Además, aporta argumentos acerca del porqué, a su juicio, colocar el salario presidencial como parámetro a los poderes Legislativo y Judicial, padece de inconsistencias lógicas y jurídicas.

Entre sus tesis, destaca la relativa a la ausencia de facultades del Presidente de la República para fijar su propia remuneración, al corresponder ésta a la Cámara de Diputados, en ejercicio de sus atribuciones exclusivas en materia presupuestal. Estas consideraciones críticas y propositivas merecen un análisis riguroso por la comunidad jurídica de cara a la resolución de fondo que viene, en el seno de la Corte.

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Cómo mueren las democracias

Levitsky, Steven, y Ziblatt, Daniel. Trad. Gemma Deza Guil

Barcelona / México, Ariel, 2018, pág. 335.

Esta laureada obra ha sido motivo de debate en diversos foros académicos y públicos a escala global. La atractiva pregunta a la que hace frente ha provocado conmoción porque se dirige a cuestionar si el modélico sistema democrático de los Estados Unidos está en riesgo de diluirse. Esta cuestión ha cobrado una seriedad impostergable por el ascenso de Donald Trump a la presidencia norteamericana.

El libro se sitúa en un contexto en el que el mandato de Trump llega a su parte intermedia y en el que una creciente oleada de opiniones autorizadas sostiene que podría instaurarse un juicio político en su contra. Bajo esta opinión, así lo exige la colección de afrentas constitucionales que ha supuesto el ejercicio de su gobierno.

Una de las más inquietantes tesis expuestas es que, en la actualidad, las democracias se ponen en riesgo no por personajes que se hayan presentado con perfiles inicialmente autocráticos, tiranos o violentos, sino por líderes democráticamente electos. Los autores no tienen reparo en afirmar que, salvo Nixon, nunca en la historia un presidente de los Estados Unidos cumplía con alguno del robusto conjunto de criterios que enarbolan un gobierno autoritario. Sin embargo, en su opinión, Trump cumple con todos, como lo hicieron en sus países Chávez, Fujimori o Erdoğan, con quienes lo comparan con insistencia.

La degradación de las instituciones democráticas por gobernantes que han cumplido las reglas electorales del juego para ocupar sus cargos es silenciosa y gradual. Los autores concluyen que la democracia norteamericana no es excepcional ni inmune a patrones que reflejan derivas autoritarias alrededor del mundo.

También piensan que el problema democrático de Estados Unidos es anterior, y que se mantendrá después de Trump. Las causas del retroceso democrático estadunidense en buena medida se encuentran en la falta de fidelidad del partido postulante: no actuó frente al extremismo demostrado por el candidato desde la manifestación de su intención de llegar a la presidencia. Parte de la difícil solución a esta crisis también es polémica, pero consecuente con esas ideas: la refundación del partido republicano, que lo llevó al poder.