Responsabilidad colectiva, aspiración epocal

Alejandro Nava Tovar

Doctor en Humanidades (Filosofía) por la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa y Profesor-investigador en el Instituto Nacional de Ciencias Penales. Ha escrito artículos y capítulos de libros en diversos idiomas, así como obras sobre argumentación jurídica, filosofía del derecho y filosofía política.

 

 

Usar cubrebocas o vacunarse contra el Covid no es limitar la autodeterminación, sino una muestra de respeto y empatía hacia las demás personas que pueden infectarse, y hacia quienes han perdido a familiares o trabajan en hospitales salvando vidas.

A Georg Lohmann

1. Miedos y aspiraciones epocales.

Hace unos días leía un comentario en Facebook de Carlos, un destacado estudiante de filosofía, quien indagaba sobre si existen derechos absolutos y si dentro de esta categoría estaba el derecho a no vacunarse. El comentario que Carlos escribió provocó diversas reacciones sobre si es moralmente correcto vacunarse, respetar a quienes decidan no hacerlo o incluso obligar a quienes no estén vacunados. Los comentarios expuestos reflejaban los terrores epocales que vivimos: por una parte, el terror al coronavirus. Por otra parte, el terror epocal a que el Estado nos controle “biopolíticamente”. Además de estos terrores, también se reflejaban las aspiraciones críticas epocales actuales. Por una parte, vacunarse por bienestar propio y como acto de empatía hacia los demás. Por la otra, no vacunarse para mostrar una “resistencia crítica” hacia el sistema.

Estos terrores y actitudes epocales son entendibles. Después de todo, ¿quién quiere contagiarse?, ¿quién quiere ser manipulado por el Estado?, ¿quién niega la importancia de la empatía?, ¿quién no gusta de verse a sí mismo como “mente crítica”? La reciente frase del presidente de Francia, Emmanuel Macron, acerca de “enmierdar a los no vacunados” (“emmerder les non-vaccinés”), sintetiza muy bien el Zeitgeist político y moral actual. Muchos aplauden esta actitud respecto a las personas irresponsables. No hay nada más “woke” que vacunarse. Otros ven en esta actitud al autoritarismo estatal que tanto esperaban. Las peores pesadillas de Michel Foucault y Giorgio Agamben se han confirmado por fin. Ante este panorama actual es importante hacer algunas aclaraciones pertinentes sobre la estructura de los derechos fundamentales y los deberes hacia los demás.

2. ¿Por qué la libre determinación es un derecho relativo?

En el núcleo del principio de proporcionalidad, tal y como es desarrollado por Robert Alexy en Teoría de los derechos fundamentales,1 se encuentra la distinción entre reglas y principios. Esta distinción, que suele ser todavía incomprendida por buena parte de los teóricos del derecho,2 también puede ser entendida como una distinción entre derechos absolutos y relativos.3 Esta forma de razonar sobre la estructura de los derechos no es muy diferente del razonamiento sobre dilemas éticos de la filosofía moral. Incluso, el dilema del tranvía bien puede ser explicado mediante el principio de proporcionalidad en cuanto se refiere a situaciones en las cuales existen dos opciones y necesariamente una debe prevalecer. Lo mismo pasa en el derecho. Existen situaciones en las cuales no es posible una alternativa a la ponderación de derechos. Explico esto con mayor detalle.

Existen derechos absolutos como la prohibición de la tortura, juicios penales por analogía o juzgar dos veces por el mismo delito. Pero la mayoría de los derechos son relativos. Pienso, por ejemplo, en las libertades de mercado o las libertades individuales. Que los derechos sean relativos implica que pueden ser ponderados, ya que se puede dañar a otra persona en nombre del ejercicio de un derecho. Pienso en el profesor machista que ofendía a las colegas o alumnas en nombre de su sagrada libertad de cátedra o las empresas que dañan al medio ambiente en nombre de la creación de empleos. La libre autodeterminación es un principio/derecho relativo. Por lo tanto, es un derecho que puede ser ponderado si entra en conflicto con otros derechos. El derecho a la libre determinación es relativo en virtud de que, en este caso, la posible afectación a la salud rebasa la esfera de la salud propia. Una persona contagiada que decida no usar cubrebocas puede contagiar a muchas otras personas.

Por esta razón, la libre autodeterminación puede restringirse si se considera una medida idónea, necesaria y proporcional para salvaguardar la salud de las demás personas. Dicha restricción no implica la determinación autoritaria de un ideal colectivista, consecuencialista o perfeccionista,4 sino el deber de salvaguardar la salud de las demás personas. Muy probablemente hasta la persona más crítica de la proporcionalidad o fiel seguidora de las ideas de Foucault, si sabe que puede salvar su vida propia o la de sus seres queridos mediante una restricción de este tipo de derechos, estará de acuerdo en la necesidad de relativizar la libre autodeterminación.

3. “No mires arriba”. Mejor mírate a ti.

La película “No mires arriba” ha causado revuelo por diversas razones, las cuales van más allá de este ensayo, pues no tengo las herramientas conceptuales para hacer “sociología del cine”, como suele decir mi amigo y sociólogo Alejandro Payá. Sin embargo, para este ensayo destaco dos razones. La primera es la evidente analogía entre el asteroide y la pandemia que vivimos. Diversos presidentes y líderes mundiales han subestimado a la pandemia y ello ha provocado muchas muertes que pudieron evitarse. La segunda es que esta película ha servido como pretexto para que muchas personas reafirmen su sesgo de confirmación de que poseen “mente crítica”: “yo sí miro arriba, y los demás no”, “yo ya salí de la Matrix y vi la verdad”, “yo ya abrí los ojos, mientras que los demás son alienados del mundo”. Las teorías conspirativas y la búsqueda por ser radical suelen florecer en los intersticios de las crisis sociales. Nada más peligroso e irresponsable que asociar ambas cosas. De hecho, muchas de estas personas me recuerdan a Hegel, quien en la Fenomenología del espíritu escribía acerca de captar “las nubes del error en vez del cielo de la verdad”.5

Meditaciones hegelianas aparte, las personas suelen hablar de “mirar arriba”, “mirar abajo”, “mirar a todos lados”. Pero se pierde acaso un punto focal igualmente relevante. Mirarse a sí mismas. Las redes sociales nos han vuelto panópticos morales del otro para criticarlo y reafirmarnos, ya sea para confirmar que somos moralmente superiores o para ganar “likes”, y olvidamos ver hacia nosotros mismos. En los tiempos más duros de la pandemia muchas personas aprovecharon boletos y paquetes de viajes en oferta para ir a diversos lugares paradisíacos para “meditar, vibrar alto y reencontrarse con la espiritualidad perdida”. Dicho de otra forma, el egoísmo e indolencia a toda su máxima expresión. Mientras el personal de salud ponía en peligro sus vidas a diario, muchas personas no vacunadas mostraban que la búsqueda del placer no se detenía. Richard Sennett seguramente habría rediseñado su célebre ensayo sobre narcicismo y cultura moderna6 si hubiese presenciado el espectáculo de egoísmo en tiempos de redes sociales y pandemia. Sin duda, mirar a los demás y no a nosotros mismos es un rasgo común del narcisismo moderno. Así, en medio de la miseria provocada por la pandemia, la filosofía del “#YOLO” alcanzaba su cenit.

4. La responsabilidad compartida como la nueva aspiración epocal.

Karl-Otto Apel, “el último fundamentador”, decía que “el concepto de la responsabilidad individualmente imputable a la persona singular, es hoy en día insuficiente”.7 La pandemia nos ha mostrado que todos debemos poner de nuestra parte para reducir los efectos nocivos de ésta en todos los ámbitos. Los gobiernos, las empresas y la sociedad deben luchar por reducir los contagios y comprender que la pandemia es un problema global. En este tenor, el derecho a la autodeterminación, exigido por quienes no quieren vacunarse o no usar el cubrebocas en la esfera pública, es un derecho relativo y ponderable frente a los intereses colectivos, pero, sobre todo, frente al dolor de los grupos más desaventajados, que son, como siempre, los más afectados por una crisis sanitaria de esta naturaleza. Si algo nos mostró la pandemia, es que el capitalismo no se acabará con ella, como aseguraban ciertos gurús de la filosofía pop. Más bien, nos mostró cómo los pobres serán siempre las principales víctimas de una pandemia, pues en las últimas décadas el derecho a la salud ha sido debilitado con las políticas neoliberales actuales.

En esto, vuelvo a reiterarlo, no hay colectivismo autoritario alguno: ponderar la autodeterminación es, antes que algo jurídicamente exigible, algo moral. Usar el cubrebocas, evitar aglomeraciones y vacunarse son, en última instancia, una muestra de respeto y empatía hacia las demás personas que pueden infectarse, pero también hacia quienes han perdido a familiares o quienes a diario están en los hospitales salvando vidas. Aquí no se trata de mirar arriba o abajo, sino de mirar dentro de nosotros mismos y a las demás personas, con el mismo respeto. Comprender la naturaleza relativa de los Derechos Humanos y su respectiva ponderación en casos deconflictos entre estos, en tiempos de crisis, es necesaria para armonizar el bien común. De igual modo, dejar a un lado la responsabilidad colectiva no es una opción viable.

La posibilidad del disenso forma parte de la naturaleza misma de los debates en torno a lo que es verdadero, bello, justo y correcto. La duda reflexiva debe ser bienvenida en estos debates. No obstante, un escepticismo irreflexivo ante las diversas tragedias derivadas de esta pandemia se presenta como un acto irresponsable. Por esta razón, no es necesario que el Estado nos diga qué debemos hacer para cuidarnos a nosotros mismos y a las demás personas. Basta la responsabilidad colectiva para motivarnos a seguir usando el cubrebocas y a tomar las demás medidas pertinentes, pues solamente así saldremos de esta situación. Esta responsabilidad compartida debe ser la nueva aspiración epocal. Después de todo, tiene razón el filósofo Markus Gabriel en ver, en estos tiempos oscuros, progreso moral.8 Por lo tanto, y en ejercicio de mi limitado derecho de expresar mis ideas, concluyo que negarse a recibir la vacuna no te hace “reencarnación de Foucault”, “mente crítica” o “ rebelde antisistema”, sino un(a) idiota irresponsable y egoísta. No ofreceré disculpa alguna por decir esto.


1 Cfr. Alexy, Robert, Theorie der Grundrechte, Fráncfort del Meno, Suhrkamp, 1985.

2 Esta incomprensión se debe a que el gremio de los juristas doctrinarios gusta de lecturas indirectas e ideologizadas sobre este principio. Uno de los males más notorios del ámbito jurídico es, precisamente, el no recurrir a lecturas directas (como si se hace con mayor frecuencia en la filosofía o la sociología), sino confirmar sesgos con base en las lecturas indirectas.

3 Cfr., Alexy, Robert, “The Absolute and the Relative Dimension of Constitutional Rights”, en, Oxford Journal of Legal Studies, Volume 37, Issue 1, Spring 2017, Pages 31–47; Barak, Aharon, Proporcionalidad. Los derechos fundamentales y sus restricciones, Trad. Gonzalo Villa Rosas, Lima Palestra, 2017, pp. 51-55.

4 Cfr., Kumm, Matthias, “Liberalismo político y estructura de los derechos fundamentals: sobre la posición y los límites de la exigencia de proporcionalidad”, en Pavlakos G (ed.) Derecho, derechos y discurso. La filosofía jurídica de Robert Alexy, Trad. Jorge Alexander Portocarrero Quispe, Bogotá, Universidad Externado de Colombia, 2013, pp. 181-225.

5 Hegel, G. W. F., Fenomenología del espíritu, trads. Wenceslao Roces, Ricardo Guerra y nueva edición con traducción revisada por Gustavo Leyva, Ciudad de México, Fondo de Cultura Económica, 2017, p. 45.

6 Cfr., Sennett, Richard. “Narcissism and Modern Culture” en, October, vol. 4, The MIT Press, 1977, pp. 70–79.

7 Apel, Karl-Otto, La globalización y una ética de la responsabilidad. Reflexiones filosóficas acerca de la globalización, Buenos Aires, Prometeo, 2007, p. 93.

8 Cfr., Gabriel, Markus, Moralischer Fortschritt in dunken Zeiten. Universale Werte für das 21. Jahrhundert, Berlín, Ullstein, 2020.