Por siempre

Adriana Cecilia Saulés Pérez

Secretaria de Estudio y Cuenta

 

El recuerdo del Ministro Sergio Salvador Aguirre Anguiano me remonta a febrero de 1998 cuando ingresé a laborar en su Ponencia. Fue el inicio de una de las épocas más felices de mi carrera profesional y de mi vida.

Con él compartí el gusto por llegar temprano a laborar. Con el Ministro Mariano Azuela Güitrón, éramos de los primeros en arribar al edificio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Inolvidable el aroma a café al entrar a su oficina para empezar el desahogo de la agenda del día, mientras él se mantenía atento a lo que acontecía con quienes integrábamos la Ponencia.

Cada asunto era revisado minuciosamente por el Ministro Aguirre y muchas veces llamaba a sus Secretarios de Estudio y Cuenta para afinar los temas y estar preparado para responder a cualquier cuestionamiento que se le hiciera en las Sesiones del Pleno.

Fue un gran gourmet, valorado y apreciado por expertos. Recuerdo una vez que leyó una receta en una revista, horas antes de visitar un restaurante que le agradaba, en la Colonia Portales, “El Convite”; habló con los dueños –quienes son a la vez los chefs del lugar– y les solicitó el platillo. A la hora que llegó, el guiso ya estaba listo; él quedó sorprendido y halagó el buen tino de sus anfitriones.

Para la sesión en la que se discutiría la validez de matrimonios entre personas del mismo sexo se preparó de una forma integral, a fin de que ninguna de sus intervenciones fuera a interpretarse como un ataque o una discriminación. Buscó quién lo orientara y guiara para no mencionar palabras con las que alguien pudiera sentirse ofendido. Estudió mucho, no sólo jurídicamente, sino también de cómo abordar el tema del modo más humano y sensible; la discusión lo ameritaba. Para mí, ello representó la manera más ecuánime de ponerse en el lugar de los demás. Nada tenía que ver su convicción religiosa, por todos señalada; a ella siempre fue fiel: su argumentación fue conforme a la Constitución Federal, de la que decía era la única que marcaba los límites de su labor como Ministro.

Una plática con él te llevaba a buscar los datos y dudas que planteaba, pues nunca nos facilitaba la respuesta. Había que ponerse a investigar, invariablemente, cuestiones de derecho y de la vida común: canciones, intérpretes, lugares, ingredientes, de todo un poco, era un almanaque reconocido por todos.

Se guardó una “cápsula del tiempo” en la Suprema Corte, en la cual le pidieron poner algo que lo caracterizara. Una de las cosas que aportó fueron sus anteojos, tan representativos. Pero, sin duda, lo mejor que dejó el Ministro Sergio Salvador Aguirre Anguiano lo guardó en el corazón de quienes tuvimos la gran oportunidad de estar a su lado; es un tesoro que ha mutado en gratitud hacia ese ser extraordinario que cada día nos hizo crecer como seres humanos.