Pandemia: repercusión en la salud mental

Octavio Márquez Mendoza

Doctor en Ciencias: Bioética por la UNAM y en Ética por la UAEMex, donde es profesor investigador del Instituto de Estudios Sobre la Universidad.

Las medidas restrictivas y el bombardeo de noticias poco alentadores han elevado el estrés, paranoia y miedo. El encierro genera daños económicos y sociales, pero también más suicidios y violencia doméstica.

El 31 de diciembre de 2019, la oficina de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en China recibió información proveniente de la Comisión Nacional de la Salud del Gobierno de Xi Jinping, sobre la inesperada irrupción de una nueva cepa de coronavirus, que fue detectada en el mercado de pescados y mariscos de Huanan, en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei.

La investigación preliminar descartó que la infección fuera ocasionada por algún patógeno conocido, como los virus de la gripe, los adenovirus que causan la gripe aviar y los coronavirus que causan el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS), así como el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS).

Ante el desconocimiento de la etiología del virus, fueron desplegados férreos protocolos de salud pública, que buscaban mitigar su propagación al resto del país asiático. Desafortunadamente, los esfuerzos resultaron infructuosos y en cuestión de días la nueva manifestación vírica se propagó, ya no sólo al interior de China continental, sino allende sus fronteras.

Pronto, el virus se había extendido incontrolablemente en 114 regiones, generando miles de contagios y fallecimientos. Tal circunstancia orilló a Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud, a declarar un Estado de Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional, motivada por la incursión de la nueva cepa del coronavirus SARS-CoV2, denominada como enfermedad Covid-19. (Elena G. Sevillano, 2020)

El SARS-CoV2 irrumpió en el escenario mundial con una fuerza inusitada, afectando los sistemas económico, político y social, debido a su incontrolable ritmo de crecimiento y a la falta de preparación de los principales servicios de salud públicos mundiales. Ante tal escenario, subyace una duda inmediata ¿Cómo surge una pandemia?

En primera instancia, hemos de considerar la postura de la OMS, que define a la pandemia como la propagación de un nuevo virus por todo el planeta, en virtud de la falta de inmunidad en la población. De acuerdo con ese organismo, las enfermedades pandémicas guardan algunas similitudes con las afecciones estacionales, pues ambas  aquejan a todos los grupos de edad y en la mayoría de los casos ocasionan manifestaciones clínicas que ceden espontáneamente, permitiendo la recuperación completa del paciente sin necesidad de un tratamiento.

Para Raymond S. Greenberg, la pandemia significa el surgimiento vertiginoso de una enfermedad, cuyos efectos se extienden hacia grandes núcleos poblacionales, distribuidos en amplias regiones del planeta. (Raymond S. Greenberg, 2005: 2)

Para Lorena Von Aguilar –quien también escribe en este número–, los conceptos de epidemia y pandemia se encuentran estrechamente vinculados, debido a que inicialmente surge el brote infeccioso en una región y se esparce paulatinamente hacia otras latitudes, complicando el conteo de contagios y fallecimientos derivados. (Von Aguilar, 2019: 26)

No obstante, ¿cuál es el origen de un brote pandémico? Al respecto, Von Aguilar estableció las causas probables por las cuales se desarrolla una pandemia:

La primera posibilidad gira en torno a procesos meramente naturales, es decir, a ciclos constantes de evolución de virus y microorganismos que, aunados al fenómeno de la globalización contemporánea, inciden en la rápida propagación.

La investigación y experimentación científica sobre nuevas cepas de virus permite desarrollar nuevas y mejoradas vacunas, sin embargo, en caso de surgir un desafortunado accidente en el laboratorio, es posible una pronta diseminación de los patógenos estudiados.

La carrera armamentista ha creado amenazas creíbles sobre la consolidación de agentes patógenos, como instrumentos de destrucción masiva. Un ejemplo común podrían ser las continuas amenazas del uso de ántrax por parte de grupos terroristas, en algunos estados de la Unión Americana y países del medio oriente. (Von Aguilar, 2019:19)

En tal sentido, resultaría ciertamente aventurado establecer con absoluta certeza cuál es el factor detonante del SARS-CoV2, no obstante, numerosos estudios realizados parecieran anticipar un origen natural: “(…) análisis anteriores sugieren que el SARS-CoV-2 puede unirse al ACE2 humano con alta afinidad (…) Por lo tanto, la unión de alta afinidad de la proteína de la punta del SARS-CoV-2 a la ACE2 humana es probablemente el resultado de la selección natural en una ACE2 humana o similar a la humana, que permite que surja otra solución de unión óptima. Esta es una fuerte evidencia de que el SARS-CoV-2 no es producto de una manipulación intencionada (Kristian G. Andersen, et. al., 2020)”.

Otras voces aseguran que el genoma del SARS-CoV2 encontró una alta homología con el genoma del SARS-CoV, el cual suele infectar a los murciélagos; por lo tanto, los quirópteros son una fuente plausible del origen de la pandemia, no obstante, estudios recientes han observado que SARS-CoV que infecta al pangolín, un mamífero muy apreciado por la medicina tradicional china tiene una proteína que reconoce ACE humano con mayor afinidad. (Torres López J, 2020)

Las diversas investigaciones desarrolladas en múltiples regiones del mundo han permitido establecer los mecanismos de contagio del SARS-CoV2 y su grado de letalidad; en este sentido, la OMS considera que aproximadamente el 20% de los casos son críticos, con una tasa de letalidad bruta superior al 3%, porcentaje que se incrementa en grupos de edad avanzada y en aquellos con enfermedades subyacentes. (OMS, 2020)

Con base en lo anterior, la OMS solicitó la ejecución inmediata de medidas de salud pública, encaminadas a controlar la pandemia. Entre esas consideraciones, destacan el aislamiento social y la aplicación de millones de pruebas para detectar oportunamente el patógeno. Con ello se pretendía cortar las cadenas de transmisión a través del aislamiento de pacientes sospechosos, evitar la saturación hospitalaria, reducir el índice de mortalidad y mitigar las afectaciones económicas, entre otras variantes. (Diario crítico, 2020).

Sin embargo, las medidas restrictivas y el incesante bombardeo informativo con noticias poco alentadoras han contribuido a elevar los niveles de estrés, paranoia, miedo e incertidumbre en millones de personas, quienes se hallan inmersas en la disyuntiva de permanecer en su hogar o salir y enfrentarse a una nueva realidad, donde el contacto social, de acuerdo con los mensajes emitidos, podría resultar mortal.

Al respecto, Michael Levitt, premio Nobel de Química, considera que el daño ocasionado por el confinamiento será mayor que cualquier perjuicio derivado de la pandemia de Covid-19. A decir del científico, los encierros obligatorios son una medida medieval que poco abona al mejoramiento de la crisis social.

En este mismo sentido, otras investigaciones han demostrado que, al forzar a la gente a permanecer enclaustrada, es posible generar una tasa más alta de infecciones:

“No sabemos cuánto daño ha causado el confinamiento a la economía mundial o a la sociedad. Sé que muchos países que están saliendo del confinamiento han visto un aumento grande en la tasa de suicidios y de violencia doméstica, quizás hay un incremento en los divorcios (…) Ha habido mucho estrés. Los niños han sufrido mucho, es un trauma. No sabemos (los daños causados por el confinamiento) y, dado que conocemos aproximadamente cuántas vidas se han salvado, una cantidad pequeña, se ve con mucha claridad que el daño final del confinamiento sería más grande” (Margarita Rodríguez, 2020).

Levitt, por su lado, considera que sería más importante evitar el pánico social, por tanto, resulta necesario que los medios de comunicación asuman su responsabilidad y eviten emitir información alarmista, como el conteo diario de fallecimientos o noticias sin fundamento científico, los cuales tienden a generar más pánico en la población.

En el mismo sentido se suma la voz de Jimmy Withworth, profesor de salud pública internacional y miembro del Consejo Científico de la OMS en materia de epidemias, quien califica como exagerada la actuación de múltiples Estados al momento de enfrentar la pandemia.

Para el impulsor de la ciencia es necesario mantenerse alerta y actuar oportunamente ante el Covid-19. Sin embargo, también se deben evitar reacciones desmedidas que sólo agravan la situación. Pone de ejemplo los incontables reportes noticiosos donde cientos de personas acaparan alimentos o insumos médicos esenciales. Al emitir dicha información se genera una sensación de incertidumbre y zozobra en quienes atestiguan el inconsciente comportamiento. Por antonomasia, Withworth considera que los gobiernos deben comunicarse directamente, sin retóricas contradictorias e intermediaciones innecesarias. (Redacción BBC News World, 2020).

Es así que el papel de las entidades gubernamentales será fundamental para lograr salir avante de la emergencia sanitaria derivada de la pandemia. Al respecto, la OMS sugiere la implementación de medidas encauzadas al control y manejo del Covid-19:

Movilizar a todos los sectores y comunidades para garantizar que cada parte del gobierno y de la sociedad, asuman la responsabilidad y participen en la respuesta y en la prevención de casos mediante la higiene de manos, el protocolo de higiene respiratoria y el distanciamiento físico a nivel individual.

Controlar los casos esporádicos y grupos de casos; así también, prevenir la transmisión comunitaria, mediante la detección rápida y el aislamiento de todos los casos presentados.

Reducir la mortalidad, asegurando la continuidad de los servicios sanitarios y sociales esenciales; protegiendo también a los trabajadores de primera línea y a las poblaciones vulnerables.

Desarrollar vacunas y terapias seguras y eficaces que puedan ofrecerse a gran escala y accesibilidad. (OMS, 2020)

Aunado a todo lo anterior, también resulta impostergable, en la nueva realidad, la implementación de criterios para la atención de la salud mental, acción en la cual podrían estrechar vínculos los sectores público y privado.

Ello por la elevada probabilidad de desarrollar algún trastorno psiquiátrico en situaciones adversas (Castillo y Coy, 2018: 1). En consecuencia, es posible que los desastres sanitarios provoquen serias consecuencias psicológicas difíciles de suprimir a través de atención especializada.

En tal forma, se puede considerar que el primer apoyo benéfico durante una emergencia sanitaria es la solidaridad social, la cual repercute positivamente en la crisis emocional y retrasa la incursión del trastorno de estrés postraumático y la depresión. Posteriormente, se debe proporcionar apoyo psicológico en la psicoterapia cognitivo-conductual, la cual opera con base en tres estrategias de intervención:

Reestructuración cognitiva. Promueve el enfrentamiento del paciente a los recuerdos que le atormentan, mediante la identificación y la modificación de pensamientos catastróficos. Paulatinamente debe adquirir la capacidad de seguridad y autoeficacia, por medio del cambio de pensamientos, que le permitirán afrontar futuros problemas.

Terapia de exposición. Se considera al miedo como una representación en la memoria que aparece en forma de una estructura del pensamiento para huir del peligro. Este enfoque terapéutico toma en cuenta la manera en cómo un paciente interpreta las situaciones experimentadas, para determinar su estado anímico y las acciones que realiza o no en función de ello.

La terapia de desensibilización y reprocesamiento por medio de movimientos oculares mostró su eficacia en el manejo de los síntomas del trastorno de estrés postraumático. La denominada EMDR (eye movement desensitization and reprocessing) se refiere a la desensibilización y reprocesamiento cognitivo a través de los movimientos oculares. La EMDR incluye la exposición, evocación y verbalización de uno o varios eventos traumáticos. (Castillo y Coy, 2018: 53-54).

Conclusiones

La nueva cepa de coronavirus, surgida a finales de 2019, ha motivado el despliegue de rigurosos protocolos de salud pública, encaminados a mitigar su propagación y disminuir la mortalidad. Sin embargo, los resultados obtenidos son insuficientes, porque la enfermedad continúa provocando millones de contagios y ocasionando afectaciones a los sistemas político, económico y social.

Entre las acciones implementadas destacan el confinamiento y el distanciamiento social, medidas controvertidas que lejos de proporcionar beneficios, podrían ocasionar paranoia y estrés, derivado de la sobreexposición a fuentes noticiosas poco rigurosas o alarmistas.

En consecuencia, las entidades gubernamentales deben actuar con responsabilidad, asumiendo el control de la pandemia y evitando la desinformación. Ello permitirá mejorar el apoyo psicológico a la población vulnerable, evitando el estrés postraumático y la depresión. De esta manera, el paciente podrá tener la posibilidad de afrontar con seguridad y autoeficacia los problemas que se le presenten, como consecuencia de la pandemia.

 

Bibliohemerografía

 

  1. Andersen K.G., Rambaut, A., et. al. (2020). El origen proximal del SARS-CoV-2. Nature Medicine 26. Recuperado de https://doi.org/10.1038/s41591-020-0820-9.
  2. Diario crítico (2020) La OMS recomienda una ‘cuarentena mundial’ ante el avance del coronavirus, Madrid Diario, recuperado de  https://www.madridiario.es/oms-recomienda-cuarentena-mundial-ante-avance-coronavirus.
  3. G. Sevillano, Elena (2020). La OMS declara el brote de coronavirus pandemia global. El País. Recuperado de https://elpais.com/sociedad/2020-03-11/la-oms-declara-el-brote-de-coronavirus-pandemia-global.html
  4. Greenberg, S. Raymond (2005). Epidemiología médica, México, D.F., El manual moderno.
  5. Márquez Mendoza, Octavio (2019). Obras completas II, Desastres, voluntades anticipadas y bioética. Torres Asociados, CDMX.
  6. Organización Mundial de la Salud (2010). ¿Qué es una pandemia? Recuperado de https://www.who.int/csr/disease/swineflu/frequently_asked_questions/pandemic/es/
  7. Organización Mundial de la Salud (2019). Nuevo Coronavirus-China. Recuperado de https://www.who.int/csr/don/12-january-2020-novel-coronavirus-china/es/
  8. Organización Mundial de la Salud (2020). Actualización de la estrategia frente a la Covid 19. Recuperado de:
  9. https://www.who.int/docs/default-source/coronaviruse/covid-strategy-update-14april2020_es.pdf?sfvrsn=86c0929d_10
  10. Palomares Castillo, Elizabeth y Patricia Edith Campos Coy (2018). Impacto de los terremotos en la salud mental. Ciencia, volumen 59, número 3.
  11. Redacción BBC News World (2020). No hay que entrar en pánico pero hay que tomarse la epidemia en serio. BBC News, recuperado de https://www.bbc.com/mundo/noticias-51756323
  12. Rodríguez, Margarita (2020). El daño ocasionado por el confinamiento será mucho mayor que cualquier daño del Covid-19 que se haya evitado: Michael Levitt, nobel de Química 2013. British Broadcasting Company, recuperado de https://www.bbc.com/mundo/noticias-52998830.
  13. Torres López, J. ¿Cuál es el origen del SARS-CoV2? Revista Médica del Instituto Mexicano del Seguro Social COVID 19, 2020.   
  14. Von Aguilar, Lorena Guadalupe (2019). Derecho y Pandemias. Tirant Lo Blanch México, CDMX.