La Hydra Financiera

Daniel González-Dávila

Abogado por la UNAM. Exdelegado presidencial ante la SCJN y Jefe de la Unidad de Relaciones Internacionales de la misma. Profesor de Derecho Procesal Constitucional y Control Constitucional Mexicano. Escritor y Barítono.

Cualquier coincidencia de este cuento con la realidad es producto del azar.

Sandra Hamilton era una columnista de The London Times que estaba decidida a ganar un premio Pulitzer. Tenía ya una carrera de 10 años en el rotativo y se había caracterizado siempre por sacar a la luz temas de impacto internacional, por lo que era favorita para el premio. Sólo le hacía falta una investigación final de gran envergadura para que al fin consiguiera su objetivo.

Decidida a publicar un nuevo artículo de gran impacto, fue a ver al jefe de redacción, James Dillon, a quien le expuso su interés de sacar a la luz, de una vez por todas, los verdaderos nombres, lugares e intereses del lavado de dinero proveniente del narcotráfico mundial, a partir de las recientes capturas de los principales capos de la droga en los Estados Unidos.

─Sandra ─le dijo el director─, desde luego que si llegas al fondo de este asunto saltarás a la fama, pero bien sabes que te va la vida en ello. El lavado de dinero no es un asunto menor, ni de unos cuantos criminales locales. Te vas a enfrentar con algo sumamente siniestro de proporciones que ni siquiera puedo imaginarme.

─Lo sé muy bien ─replicó la periodista─. Pero estoy dispuesta a correr el riesgo. El submundo del lavado de dinero es una cuestión que la gente debe conocer y de alguna forma se debe presionar a las naciones a combatirlo en todos los frentes.

─Está bien. Pero vamos despacio. Tienes que prometerme que te detendrás cuando te lo pida. No quiero que tu vida corra peligro, ¿de acuerdo?

─Trato hecho.

Sandra viajó a los Estados Unidos a entrevistarse con los abogados de varios capos del narcotráfico mexicano que habían inundado a ese país de cocaína y heroína, pero ninguno de ellos quiso tratar el tema con ella. No tenía alternativa que acudir directamente con alguno de sus clientes.

La periodista intentó por todos los medios hablar con los enjuiciados, pero le fue imposible. Todos estaban encarcelados en prisiones de máxima seguridad, en donde ni siquiera sus familiares podían visitarlos.

Luego de tanto ir y venir, acabó en la Oficina de Control de Drogas (OCD), quienes poseían toda la información que había sido entregada a los fiscales asignados a los juicios de los criminales. Igualmente encontró total hermetismo por parte de los agentes, pero uno de ellos le dijo que si quería información no oficial podía entrevistar a un agente recién retirado, que quizá podría darle algún tipo de orientación.

Fue así como la periodista Hamilton se puso en contacto con el exagente Roberts y se citaron para una reunión informal en un café de los suburbios de Washington.

─Muchas gracias por acudir a mi llamada, agente Roberts. Antes que nada, quiero decirle que esta entrevista es para sacar a la luz pormenores del lavado de dinero en el hemisferio por el narcotráfico, que me parece un tema de suma relevancia, pero que todo lo que me diga será un secreto entre usted y yo. La información eventualmente podría hacerse pública, pero la fuente jamás. Ese es un pacto formalísimo que hago con usted y espero que confíe en mí.

─Así lo espero, Sandra ─le contestó el exagente─. Lo que usted busca es un monstruo de mil cabezas que la puede devorar, y a mí junto con usted. ¿Específicamente qué quiere saber?

─Bueno, pues comenzar por el principio. ¿Cómo lavan el dinero los cárteles de la droga?

Roberts echó una carcajada.

─¿De qué se ríe? No le veo lo gracioso.

─Discúlpeme por favor ─dijo Roberts aún riendo─. Es que su pregunta me resulta tan naif

─Ya entiendo. Déjeme reformularla. ¿En qué tipo de actividades lava el dinero el narcotráfico?

─En todas.

─¿En todas?

─Sí, en todas.

─¿Podría ser más específico?

─Mire usted: compre un libro de Economía mundial, léalo y todo lo que diga “inversión” interprételo a un 50% como dinero del narco y sus actividades relacionadas.

─Eso no me sirve para mi investigación.

─Si quiere realmente saber cómo funciona el lavado de dinero, se lo voy a decir, pero bajo el entendido de que esta conversación jamás la tuvimos y que usted y yo jamás nos conocimos. Y de hecho, cuando termine de escucharme muy probablemente abandonará su proyecto periodístico.

─Veremos. Soy toda oídos. ¿Me permite grabarlo?

─No. Sólo tome nota si quiere.

─Está bien.

─¿Sabe usted cómo funcionan las empresas mundiales de motivación personal y de estructura piramidal como Amway?

─Sí, los de arriba reclutan a los de abajo para que vendan productos y entre más arriba se esté de la pirámide más se gana.

─Pues de esa misma manera funciona el lavado de dinero a nivel regional y mundial. Existen tantos niveles de lavado como actividades comerciales ligadas al crimen organizado. Y todas ellas están vinculadas con actividades comerciales lícitas.

─Pero, ¿cómo es posible?, si así fuera, sería sumamente fácil para los gobiernos detectar este tipo de actividades.

─He ahí el punto. Los gobiernos de las naciones occidentales saben perfectamente que el lavado de dinero es su principal fuente de riqueza y sólo persiguen casos aislados que los incomodan o en todo caso para justificar que están tratando de combatir el crimen. Pero la verdad es que si realmente se acabara con el lavado de dinero la economía de las naciones colapsaría.

─¿A ese grado?

─Verá usted: durante 30 años he luchado contra el tráfico de drogas en este país. Y esa ha sido una auténtica pérdida de tiempo. Los cárteles de la droga conocidos y los capos que los lideran no son ni la décima parte del negocio del narcotráfico. Nosotros simplemente perseguimos a los capos y a los cárteles que nuestros superiores nos indican, basados en pactos que van más allá de nuestras fronteras y que rebasan incluso a corporaciones internacionales. Nos limitamos a seguir las instrucciones de las instancias de inteligencia de nuestro país, pues ellas saben muy bien qué delincuentes sirven como chivos expiatorios y cuáles son necesarios para mantener la economía a flote. Trate usted de comprender el tamaño del negocio del narcotráfico: para que existan toda clase de drogas en cada comunidad de este continente, particularmente en los Estados Unidos, se requiere de una infraestructura de producción, trasporte y distribución del tamaño de la Coca-Cola. No existe un solo rincón en este país donde no pueda conseguirse heroína, cocaína o metanfetaminas. ¿De verdad cree usted que atrapando tres o cuatro capos de la droga se acaba con el problema, o que los gobiernos de Estados Unidos y México no saben quiénes son los dueños de este gigantesco negocio?

─No, desde luego que no.

─¡Obviamente no! Esas son medidas de mercadotecnia para que los gobiernos se luzcan en el combate contra el crimen, pero la realidad es que todos los países del hemisferio son narcoestados que dependen del dinero del narco para progresar, incluyendo desde luego a los Estados Unidos. Los capos capturados son elementos desechables, pero por encima de ellos están los verdaderos reyes de la droga: personajes intachables que usted juraría que serían incapaces de estar involucrados en el negocio. Ellos son intocables por los gobiernos, son parte de ellos, o incluso son miembros de grupos casi anónimos que controlan las decisiones del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial que los financian, por lo que nadie se atrevería a insinuar siquiera que están coludidos con el lavado.

─Me hablaba usted de una pirámide. ¿Cómo funciona?

─Muy sencillo. Como en toda pirámide, está la base del negocio, conformada por el lavado burdo y desparpajado, que es donde los gobiernos se lucen atrapando delincuentes de talla menor. Ahí se encuentra narcotraficantes desechables, secuestradores, ladrones locales de combustible, etcétera. Generalmente invierten su dinero en restaurantes, obras de arte baratas que hacen pasar por joyas exquisitas, o me viene a la mente el caso de exportaciones monumentales de tequila por capos mexicanos que inundan el mercado internacional con dinero lavado.

─Sí, eso no es noticia para nadie.

─Luego viene el segundo nivel. Aquí es donde la persecución por parte de los Estados es discrecional: las industrias de los hidrocarburos, de la minería, del acero, la naviera, la automotriz, de la construcción, la farmacéutica, la aeronáutica y, sobre todo, la armamentista, todas generadoras de enormes cantidades de impuestos y de desarrollo regional.

─Pero ¿cómo hacen los criminales para lavar dinero en estas empresas gigantes?

─Mediante un truco que no tiene nada de nuevo: llevar una doble o hasta triple contabilidad.

─Pero en estos tiempos, donde todo se supervisa a través de programas de fiscalización por parte de las oficinas de recaudación, ¡llevar una doble contabilidad debe resultar imposible!

─¡Desde luego que no! Estas industrias gozan de una doble protección. En primer lugar, llevan su contabilidad paralela de manera encriptada en servidores de muy difícil acceso y, en segundo lugar, los propios gobiernos saben que de detener el lavado de dinero de estas empresas su economía se desplomaría. Si aquí en los Estados Unidos se cerraran todas las grandes empresas que lavan dinero entraríamos en una recesión que no tendría precedentes en la historia del país. Implicaría detener toda la industria de la construcción, la investigación biomédica, la producción de automóviles, la de hidrocarburos… ¡todo!

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─¿Y qué hay de los casinos?

─¡Uff! Los casinos son una hermosura. Son la manera más fácil de lavar dinero después de la compra de arte basura. Para los dueños de los casinos, lavar dinero es una actividad cotidiana y son la herramienta más buscada por el narco. Si usted es dueña de un casino y quiere lavar un millón de dólares, tan sólo le basta con mandar a un lacayo a apostar ese millón a la mesa del blackjack y en cuestión de minutos ese millón estará perfectamente lavado. Y lo puede hacer para lavar su propio dinero de sus negocios turbios o, bien, de un tercero, quedándose usted con una buena comisión, que a su vez vuelve a lavar.

─Bueno, ¿y por qué no se cierran?

─Porque el lavado de dinero es necesario en toda la economía mundial.

─¿Me está usted diciendo que todas las actividades económicas de este país son ilícitas?

─Desde luego que no. Todas son actividades lícitas. Pero sin inversión y sin financiamiento informal no hay manera de mantenerlas funcionando.

─Pero no entiendo. Si una empresa naviera está produciendo, aunque tenga doble contabilidad, al final del día tiene que operar con números negros ante el Estado, por más que sea una simulación. ¿Cómo lo logran?

─Y así es, todas deben operar con una contabilidad perfecta. Pero los contratos reales de una naviera generalmente no le son suficientes para mantenerse operando, y es por ello que da la bienvenida a capital lavado con socios fantasma que la saquen a flote. A este nivel de lavado de dinero ya estamos hablando de pactos internacionales, donde, por ejemplo, una naviera envía 60 buques cisterna inexistentes llenos de gasolina inexistente a un país que la compra a cambio de una buena gratificación a los compradores involucrados, quienes a su vez venden esa gasolina fantasma a compradores que sólo existen en papel. Así lavan dinero al mismo tiempo las empresas navieras y las de hidrocarburos.

─¿Así de descarado?

─No, descarado no.

─¿A qué se refiere?

─Salvo en el caso de la compra de arte basura, en todas las operaciones de lavado de dinero siempre hay un banco de por medio, que desde luego también lleva una doble contabilidad. ¿Alguna vez se ha preguntado cómo es que BlackStone se ha hecho milagrosamente multimillonario en tan poco tiempo?

─¿Lava dinero?

─Desde luego, pero a otro nivel. Por ahora sólo le cuento que cobra comisiones estratosféricas por administrar cuentas secretas ligadas al narco, como lo hacen nueve de cada diez bancos del continente. ¿Usted acaso cree que las operaciones de las empresas multimillonarias que lavan dinero se envían efectivo por UPS?

─No, ciertamente no.

─Ese es el siguiente nivel de la pirámide, mas no la punta. Tanto BlackStone como la mayoría de los bancos de Estados Unidos y del resto de América tienen un sistema paralelo de intermediación bancaria en la Deep Web, donde se deposita y dispone del dinero producido por el narco, y de ahí se traslada paulatinamente a las empresas.

─¡Santo Dios! ¿Y por qué esto no se sabe? ¿Por qué la OCD nunca ha dicho nada?

─Porque nosotros solamente somos una pieza más en el juego. Atrapamos a los narcotraficantes que nos indican, pero no es precisamente nuestra misión paralizar la economía de los Estados Unidos y por consiguiente la mundial. A mí me ponían un narco en el escritorio y yo lo ponía ante un fiscal. Ese fue mi trabajo en la OCD. A nadie le pagan en esa oficina por cambiar al mundo.

─Supongo entonces que el gobierno de los Estados Unidos es la punta de la pirámide…

─Supone usted mal, aunque está cerca. Los gobiernos también lavan dinero, pero a su vez lo hacen de prestamistas bancarios que dominan las finanzas mundiales como el propio BlackStone y de organizaciones de influencia internacional que dirigen las políticas financieras del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial y de los Bancos Centrales.

─¿Hasta allá llega el negocio?

─Suponga usted que México requiere de 500 millones de dólares de financiamiento. BlackStone le presta esa cantidad, la mitad de la cual proviene del narcotráfico. A su vez, México la recibe y la divide en tres: un tercio para el país, otro tercio supuestamente para sus reservas internacionales, y otro tercio para repartirlo entre los funcionarios de la Oficina del Tesoro y de los allegados al régimen, quienes a su vez regresan al ciclo del lavado.

─Eso suena asqueroso. ¿Por qué le pone un “supuestamente” a las reservas internacionales?

─Porque muchos gobiernos también lavan dinero en la cara de sus gobernados. Le pongo un ejemplo concreto. El Banco Central de Inglaterra recibe oro de los bancos centrales de varios países lavadores de dinero. Me vienen a la mente los casos de Venezuela, Turquía y de México. Venezuela y Turquía hace un par de años quisieron repatriar su oro para resolver sus crisis financieras e Inglaterra se los negó. Y la razón es simple: ese oro, supuestamente parte de las reservas internacionales de esos países, está en las bóvedas del banco, pero en cuentas “no asignadas”, es decir, es pagadero únicamente a quien lleve el título de propiedad y se le escanee la retina. Y ciertamente no se trata ni de sus presidentes, ni de sus cancilleres, ni de nadie que se sepa. Lo mismo pasa con México. Si no mal recuerdo, las reservas internacionales de México andan por los 175 mil millones de dólares y parte de esa cantidad la tiene en 120 toneladas de oro depositadas en el Banco Central de Inglaterra. Lo mismo: en una cuenta “no asignada”. Y sólo Dios sabe qué persona o personas pueden retirar ese oro, pero le aseguro que nadie del gobierno en turno, sino alguien a quien México pagó con muchos, muchos lingotes alguna clase de servicios, ya sea militares, electorales o incluso algún tipo de pago por ignorar y tolerar las operaciones de uno o varios cárteles de la droga. Yo me atrevería a decir que todas esas cosas al mismo tiempo. El caso es que sólo un puñado de personas pueden retirar esas toneladas de oro, pero no el gobierno de México, por más que toda esa riqueza sea considerada parte de sus reservas internacionales. Si eso no es lavar dinero, ¿qué es?

─¿Que el Banco Central de mi país se presta a lavar dinero de países enteros?

─Usted lo ha dicho.

─Simplemente no puedo creerlo.

─Y no sólo resguardan dinero lavado para terceros desconocidos. Ese resguardo desde luego tiene un costo que los países deben pagar. Por resguardar las 120 toneladas de oro, México debe estar pagando más de £115,000 libras esterlinas cada año al Banco Central de Inglaterra para mantenerlo disponible a sus acreedores. Y es que no puede dejar de pagar esa renta de espacio en las bóvedas. ¿Qué país quiere un conflicto diplomático con el Reino Unido?

─Entonces, el Reino Unido sabe perfectamente que está resguardando dinero lavado. Es parte del negocio. Es inaudito. ¿Cómo es que usted sabe todo esto? Nadie sabe lo que usted me está diciendo.

─La cuestión del oro extranjero resguardado en el Banco Central inglés es del dominio público. Búsquelo usted misma en Internet. Muchos países han recurrido a esta práctica argumentando una “mayor seguridad”. Pero para negar la repatriación del oro a las naciones usan cualquier pretexto y en el fondo es que las cuentas no están asignadas precisamente para que las naciones no tengan dominio sobre él, sino personajes anónimos. Yo tengo mis fuentes y usted las suyas. Como agente de la OCD algunas veces me tuve que infiltrar hasta las cumbres más espantosas del crimen organizado, en donde los gobiernos desde luego que están involucrados.

─Pero es que todo lo que me dice suena tan descabellado… ¿Y cuál es la cúspide de la pirámide?

─La mano que mece la cuna. Unas cuantas familias, por no llamarlas clanes, que deciden todos los días el rumbo de la Economía mundial y que son los verdaderos dueños de los bancos y del narcotráfico del mundo. Ellos deciden qué acciones suben, qué acciones bajan; dónde hay guerra para vender armas, dónde hay inestabilidad social o quién recibe apoyo para ganar unas elecciones, según se ajuste a sus intereses para mantener el equilibrio entre la economía formal y la negra.

─¿Y cuáles son esas familias?

Roberts hizo una pausa y encendió un cigarrillo.

─Lo siento, señorita Hamilton, pero hasta aquí hemos llegado. Esta charla informal ha concluido y jamás la tuvimos. Ha sido un placer conocerla.

El exagente dejó un billete de 20 dólares en la mesa. Tomó su abrigo y se perdió en la multitud.

La periodista se quedó atónita en la mesa. Escudriñó las notas que había tomado en la entrevista y, luego de unos instantes, las hizo añicos.

Nadie le creería una sola palabra del artículo que, estaba segura, la llevaría a la fama.