Las ventanas del Anticristo

 

Daniel González-Dávila 
presidencia@bufetenacional.org

 

Abogado por la UNAM. Exdelegado presidencial ante la SCJN y Jefe de la Unidad de Relaciones Internacionales de la misma. Desde 2007, es socio presidente de Bufete Jurídico Nacional. Escritor y Barítono.   

 

Esta historia contiene hechos reales y ficticios. Queda al buen juicio del lector el diferenciarlos.
La identidad de los personajes ha sido modificada para preservar su intimidad.

 

La idea de que un solo hombre esté detrás del desmoronamiento de los valores de Occidente parece sacada de una novela de ciencia ficción. Pero basta con husmear un poco en la información disponible en la web y en los archivos públicos de organizaciones no gubernamentales, de las Naciones Unidas y de gobiernos de más de 100 naciones para darnos cuenta de que esta afirmación aparentemente conspiranóica no es más que una verdad lisa y llana.

Se trata de un hombre tremendamente poderoso, al que sus detractores han llamado The Death Star, o la “Estrella de la Muerte”, haciendo alusión a la estación espacial destructora de planetas de la famosa saga Star Wars de George Lucas. Un apodo que se ha ganado a pulso durante las últimas décadas, pues ha usado su multimillonaria fortuna en acciones de filantropía que nada tienen de filantrópicas. Su supuesta causa de promover una sociedad abierta y de proteger los Derechos Humanos en el mundo es una máscara para derribar todas las fortalezas de Occidente y, especialmente, terminar de una vez por todas con la influencia del cristianismo en el mundo.

George Sorovsky nació en Budapest en 1930. El futuro magnate y su familia lograron evitar el embate del régimen Nazi cambiando su identidad, aunque eran judíos no practicantes. En 1947 se mudó a Londres para estudiar en la London School of Economics, donde tuvo por maestro al filósofo Karl Popper, autor de la tesis de la Sociedad Abierta, como una utopía preventiva de los regímenes totalitarios. Sorovsky se hizo su gran admirador y con base en sus ideas sentó las bases de su fundamentalismo.

Al poco tiempo se estableció en Nueva York y empezó una vertiginosa carrera en Wall Street que lo llevó a crear su propio fondo de inversión, el Sorovsky Fund Management, que lo colocaría eventualmente en la cumbre de los hombres más ricos del planeta, multiplicando su fortuna siempre apostando a los momentos de crisis de las acciones y los tipos de cambio. Sólo como ejemplo, el 16 de septiembre de 1992, el llamado “miércoles negro”, Sorovsky apostó a la inevitable devaluación de la libra esterlina frente al marco alemán, y en un solo día ganó más de mil 100 millones de dólares, llevando a la quiebra al banco central británico. Su habilidad para encontrar oportunidades de incrementar su fortuna no tenía precedentes y ha amasado un patrimonio que supera los 25 mil millones de dólares.

Con una cantidad demencial de recursos, instituyó la Open World Fundation. En teoría, esta fundación tenía como objetivo promover la democracia, el libre intercambio de ideas y la defensa de los derechos individuales en todo el mundo, sobre todo a través de la educación, para lo cual le transfirió de su propio patrimonio más de 18 mil millones de dólares. Pero no pasó mucho tiempo antes de que las verdaderas intenciones de esta fundación salieran a la luz pública. En los más de 100 países en los que tenía influencia, pronto se vio que a cambio de apoyo financiero, Sorovsky quería imponer su agenda personal. Una agenda que poco o nada tenía que ver con los Derechos Humanos, sino con lo que él creía que debían ser para poder construir un mundo sin fronteras y con menos población.

Las reacciones de rechazo no tardaron en suceder. El presidente ruso fue uno de los primeros en actuar contra el proselitismo liberal de Sorovsky. Promovió una Ley de Organizaciones Indeseables Extranjeras y Rusia vetó cualquier trato con Open World Fundation, declarándola enemiga del Estado ruso. Estados Unidos también declaró a Sorovsky persona non grata por Donald Trump, pero éste no fue tan contundente como Putin, quien defendió con todo rigor la integridad de las instituciones rusas.

Las injerencias internacionales de Sorovsky son innumerables. A toda costa ha tratado de impedir la salida del Reino Unido de la Unión Europea, pues ello implicaría que la inmigración musulmana no llegare a territorio británico. Ha financiado y promovido la separación de Cataluña de España. Es responsable de promover a través de sus ONG las inmensas hordas de inmigrantes de África hacia Europa y de América central hacia México y Estados Unidos, pero más que todo eso, es responsable del lobby gay mundial, del feminismo internacional, de la ideología de género esparcida por todo el globo y de la política abortista de la gran mayoría de las naciones. Su respaldo económico a Planned Motherhood, responsable de cientos de miles de abortos alrededor del mundo, ha sido crucial para la labor genocida de esta organización.

Y nuevamente surge la pregunta: ¿un solo hombre es capaz de todo eso?, ¿es que acaso las naciones no tienen voluntad propia?

No. No la tienen.

El personal de las ONG de Sorovsky y el de la Organización de las Naciones Unidas es el mismo. Rotan de aquí para allá y de regreso. Todo lo que se dice en Open World Fundation se dice en la ONU y viceversa. Los tentáculos de Sorovsky son gigantescos y poderosos.

¿Pero cómo ha sido posible que las leyes que promueven la homosexualidad, el odio entre los sexos, la escalofriante diversidad de género, el animalismo, el inmigracionismo, el separatismo, el consumo libre de “drogas suaves” y el mundialismo sean más o menos homogéneas en casi todos los países occidentales?

Muy sencillo. Sorovsky, sus hijos y su fundación se han encargado de ello a través de lo que se conoce como las “Ventanas de Overton”.

La ventana Overton es una teoría que afirma como un espacio estrecho el rango de ideas que la sociedad puede encontrar admisible, y establece que la viabilidad de una idea se define por la aceptación social antes que por las preferencias individuales de los políticos. Esta aceptación social es inducida mediante los medios de comunicación y luego hecha ley con supuesta base en las libertades civiles, de manera que cuando la ley está vigente, el legislador puede alardear que ha consultado a la sociedad para emitir la norma y justificar cualquier aberración normativa en la libertad de expresión y en el libre desarrollo de la personalidad de las minorías que se imponen dogmáticamente sobre las mayorías.

Para legislar utilizando las Ventanas de Overton se requieren varios pasos. El primero de ellos es eliminar el tabú.

Vayamos a un extremo absurdo para entender cómo funcionan las Ventanas. Supongamos que Sorovsky condiciona a México apoyo económico siempre que se legalice el canibalismo.

Para eliminar el tabú, lo primero que hay que hacer es bombardear a la sociedad con documentales que desmitifiquen al canibalismo como algo morboso. Se harán toda clase de programas televisivos y radiofónicos sobre las costumbres prehispánicas de comer carne humana y de los beneficios que nuestros ancestros obtenían de su consumo. Se abrirán debates de especialistas, todos a favor del canibalismo, donde se expondrán los beneficios de comer carne humana.

El segundo paso es el del eufemismo. Los expertos ya no usarán el término crudo “canibalismo”, sino “antropofilia” (¿nos suena familiar cambiar “aborto” por “interrupción del embarazo”?). En breves semanas, los jóvenes estarán hablando de la antropofilia en las redes sociales y al poco tiempo no faltará quien funde una ONG para defender la antropofilia si cuenta con el financiamiento adecuado. Luego, éstas se multiplicarán porque el dinero no dejará de fluir.

A los pocos meses, vendrá una reforma a las leyes, tras un intenso cabildeo parlamentario. Los legisladores argumentarán que “han escuchado a la sociedad” y el canibalismo estará permitido para cuerpos que no sean reclamados dentro de las siguientes 72 horas de su fallecimiento, mientras hayan estado en congelación.

De esta exacta manera ha sido aprobado prácticamente en todo el mundo occidental el matrimonio igualitario (en donde los medios de comunicación parecen hacernos transitar de una no discriminación de los homosexuales hacia una obligación de serlo), el aborto libre, el sexismo feminista o la guerra entre los sexos, el reconocimiento de los ridículos 112 géneros “descubiertos” por la ONU (cuando el ser humano cuenta con sexos y las cosas con géneros), el animalismo radical, el indigenismo y el desvanecimiento de las fronteras para asegurar la invasión completa de hordas inmigrantes.

Así, las Ventanas de Overton operan sin piedad a nivel mundial, echando por la borda la definición aristotélica de la ley (la razón desprovista de pasión) y substituyéndola por lo que los medios de comunicación manipulados por una Fundación internacional nos dicen qué es lo que debe ser, con tal de reducir la población mundial y conseguir la autocastración voluntaria y espontánea de los pueblos. Así operan y siguen operando en todo el mundo las ONG que hacen cabildeo parlamentario o presión social auspiciadas por Sorovsky, sus hijos y sus tentáculos internacionales alrededor del globo.

México no escapa al embate de la Fundación Sorovsky. Tuvo con la bota en el cuello a la administración presidencial pasada, y desde luego es artífice de la actual. En ambas, sus respectivos cancilleres han sido sus marionetas. Aquí se hace lo que él manda. Si hay que despenalizar el aborto a nivel nacional, se hace. Si hay que tolerar hordas organizadas de inmigrantes, también, sin que nos sea permitido preguntarnos quién las organizó. Todos le debemos pleitesía a la Estrella de la Muerte o, si se quiere, al siniestro emperador Palpatine, y a todos sus hijos, quienes manejan en lo específico cada uno de los diversos temas de la Fundación con una meticulosidad quirúrgica. Esta fundación nos repite todos los días: “¡No tengas hijos! ¡Bajo ninguna circunstancia tengas hijos! Antes de ello, sé homosexual, cambia tu sexo, sé una furiosa feminista, aborta al hijo de tus entrañas o, incluso, ten un perro y cásate con él, ¡pero no los tengas! ¡Tú y tu gato son familia suficiente! ¡Tu pareja del mismo sexo es perfecta para que seas feliz! ¿Quién dijo que la paternidad biológica es natural?

La más clara y reciente influencia de Sorovsky en nuestra nación la vimos en la toma de protesta presidencial. Tras tal acto solemne, el presidente llenó el zócalo de la capital con innumerables comunidades tribales de todo México y rindió culto a dioses paganos, de rodillas. ¿Qué mensaje hay detrás de esto? Que ya no hay un México pluricultural, sino muchos Méxicos. Que la Nación está fragmentada y que si no lo está del todo, se hará lo más posible por desquebrajarlo. Que ser indígena no es lo mismo que ser mexicano. Que la Conquista no nos dio identidad nacional, sino que se limitó a robarnos, olvidando que nos dio civilización, lengua, religión y cultura. Que hubiese sido mejor que nos exterminaran como lo hizo Búfalo Bill en los Estados Unidos antes de mezclarnos con los españoles. Que el Rey de España es un infeliz que nos debe disculpas, pese a que nos enseñó a utilizar la rueda y el hierro, pues vivíamos literalmente en la edad de piedra. Que el Papa es un entrometido por anunciarnos el Evangelio, teniendo ya nosotros una espiritualidad tan elevada como las cumbres de las pirámides donde se extirpaban corazones latientes. Pobre México. Todos conspiraron contra él y lo mejor que nos puede pasar es regresar al siglo XV.

Pero una cosa olvidó el presidente: exigirle al gobernador de Tlaxcala que se disculpara por haberse aliado con los españoles para consumar la conquista, puesto que sin la ayuda de los tlaxcaltecas la Conquista hubiere sido imposible. ¿Habrá sido en verdad un simple olvido? ¿O, acaso, no era políticamente correcto?

Lo que es un hecho es que México es tan sólo un caso entre docenas y docenas de países que obedecen a la Estrella de la Muerte y a sus hijos. Su capacidad para acaparar y destruirlo todo es casi infinita. No hay manifestación ultrafeminista, del orgullo gay, proabortista, caravana migrante o incluso guerra civil que no esté financiada por una ONG de la familia Sorovsky y de su fundación. Y mientras eso sucede, las feministas, los gays, los abortistas y los migrantes creen que obran por voluntad propia y en defensa de sus intereses. ¡Si tan sólo supieran!

Entre toda la progenie de Sorovsky destaca Charles, el primogénito y heredero natural del octagenario multimillonario.

Corría el mes de septiembre de 2017. Al salir de la primera reunión semanal del mes, en donde se ventilaban los asuntos de la Fundación entre Sorovsky y sus hijos, éste se acercó a su hijo y le dijo:

–Charles, ha llegado la hora.

–¿Qué quieres decir, papá?

–Veo muy cerca mi retiro de la Fundación.

–No nos puedes abandonar, papá. Aún estás fuerte y animoso. Hay muchos proyectos por delante.

–Siempre estaré por aquí, mientras pueda. Pero hay algo superior a esto en donde necesito que me suplas.

–¿En dónde?

–En las grandes ligas.

–No comprendo.

–Ya lo harás. Se trata de algo muy superior a la Fundación y a todo el trabajo que hemos estado haciendo. Se trata nada menos que del futuro del planeta.

–¿Cómo dices?

–Guarda esto con mucha discreción. El próximo día nueve viajaremos tú y yo a Jerusalén. Asistiremos a una cumbre secreta de líderes mundiales el día once. Nadie, absolutamente nadie puede saberlo. Sólo tú y yo.

–Como tú digas. Estaré listo para viajar contigo. ¿Nos vamos en el avión grande?

–Sí. Salimos el nueve a las 10 de la mañana.

Charles acudió a la cita puntualmente. Subió al avión con su padre, con la idea de que durante el camino le sería explicado el motivo del viaje. No obstante, durante el largo vuelo, su padre sólo dormitaba y cuando le hacía alguna pregunta sobre el motivo de la visita a la Ciudad Santa éste respondía con evasivas y con un simple: “Ten paciencia. En su momento todo te será revelado”.

Luego de un vuelo de varias escalas, los Sorovsky arribaron a Jerusalén el día 10 de septiembre al mediodía, hora local. Una limusina los esperaba en el aeropuerto y de inmediato los condujo al lujoso hotel Notre Dame, en la parte oriental de la ciudad, que es de jurisdicción jordana (para algunos, palestina). Luego de acomodarlos en el hotel, el chofer les dijo:

–Nuevamente les doy la bienvenida en nombre del Sr. Ratchild. Les suplico descansar de su largo viaje y vendré a recogerlos mañana a las 10:15 para llevarlos al Museo Arqueológico Ratchild a su reunión de las 11 horas. El museo no está lejos de aquí, pero el tráfico es pesado. Les recuerdo que el recinto estará cerrado al público y sólo se permitirá la entrada a los invitados a la reunión.

–Muy agradecido con usted –le contestó Sorovsky, quien a pesar de ser un monstruo, jamás ha dejado de ser un caballero–. Lo esperamos mañana puntualmente a las 10:15.

El hotel Notre Dame es un enorme edificio medieval que se encuentra entre el ayuntamiento y la Ciudad Vieja de Jerusalén. Su arquitectura recuerda a la catedral de Notre Dame de París, pero está inmerso dentro de un espectacular complejo turístico y comercial, apenas a unas calles del Gólgota.

–Vamos a relajarnos un rato, hijo –dijo Sorovsky–. Tenemos que ajustar nuestros relojes biológicos. No podemos dormir ahora. Demos una vuelta por los casinos.

Padre e hijo se dispusieron a relajarse y a tomar un par de tragos en uno de los casinos. Jugaron un rato y fueron a comer. En la charla, Charles ya no podía más con la curiosidad.

–Papá, basta ya de tanto misterio. ¿De qué se trata la reunión de mañana? ¿A quiénes vamos a ver?

–Está bien, te diré a grandes rasgos de qué se trata todo esto, pero me decepciona que no sepas esperar el curso natural de las cosas. La reunión de mañana es sumamente especial. Está prevista exclusivamente para hacer un cambio de mando en una organización y para dedicarte todo el tiempo que sea necesario como nuevo miembro. Tú ingresarás a una fraternidad sagrada y tu vida cambiará para siempre.

–¿Qué fraternidad?

–La que tendrá en poco tiempo el dominio total del planeta. Los verdaderos señores del nuevo orden mundial.

–¿Te refieres a los Iluminati?

Sorovsky soltó una carcajada.

–¡Claro que no! Los Iluminati se están extinguiendo y no tienen poder alguno. Son un club de desayunadores con dinero. No tienen ni la menor idea de dónde les va a caer el meteorito.

–Entonces, ¿quiénes son?

–Se trata de hombres enormemente ricos, pero con visión de futuro y con un fin común: derribar a Occidente y echar a los judíos al mar. Por eso nos estamos reuniendo en la Jerusalén Oriental.

–Papá, ¡pero nuestra familia es judía!

–¿Alguna vez hemos orado? ¿Alguna vez hemos celebrado el año nuevo? ¿Alguna vez hemos ayunado? ¿Alguna vez hemos respetado el sábado?

–No, nunca.

–Esas son tonterías. Somos una familia atea. Yo mismo me encargué de educarlos en el pensamiento crítico y los alejé de toda clase de dogmas estúpidos. Yo no elegí nacer judío. Lo único que quiero de los judíos es su poder y su dinero. Y mis colegas de la fraternidad son en su mayoría príncipes musulmanes que quieren lo mismo, además de desaparecerlos de la faz de la Tierra. Pero no es tan simple como eso. Ya te he dicho más que suficiente. Mañana te dedicaremos toda la reunión y te explicaremos con lujo de detalle cuáles son los ideales y las normas de nuestro grupo. Pero hay algo que debes saber desde ahora.

–¿Qué cosa?

–Estás destinado a suplirme en la organización. Tendrás que hacer mi trabajo de aquí en adelante. Y en esta nueva encomienda sólo hay boleto de entrada. Cualquier indiscreción que comprometa a la fraternidad o a sus miembros te costará la vida antes de que pestañees. ¿He sido claro?

–Como el agua.

–Me alegra que nos entendamos.

Al día siguiente, el chofer los recogió a las 10:15 y los condujo hacia el Museo. Las medidas de seguridad eran extremas. El lugar estaba cerrado y toda la calle estaba vigilada por agentes de seguridad. Padre e hijo ingresaron al recinto en punto de las 11 de la mañana y Charles no pudo reconocer a ninguno de los catorce asistentes, salvo a William Ratchild, hijo del célebre multimillonario.

Todos se saludaron fraternalmente y dieron una calurosa bienvenida a Charles

El grupo se sentó en círculo y se colocó un crucifijo en el centro sobre el suelo. Sorovsky tomó la palabra.

–Muchas gracias a todos por su asistencia y especialmente le doy las gracias al Jinete Azul por permitirnos usar este extraordinario museo para reunirnos.

–Nada qué agradecer –dijo William–. Esta es una ocasión especial en donde con enorme placer daremos la bienvenida al nuevo Jinete Blanco y nombraremos a nuestro presidente honorario vitalicio.

–Primero que nada –dijo el Jinete Bermejo–, es menester hacer el ritual de iniciación. Charles, Occidente tiene la respuesta a todos sus problemas existenciales en la Biblia y su fortaleza en la figura de Jesucristo. La Hermandad Sagrada de Oriente fue concebida para destruir y luego dominar todo el hemisferio, de manera que se te exhorta a escupir sobre el crucifijo y a quemar esta Biblia en la chimenea.

Así procedió Charles Sorovsky.

–Escupir sobre el crucifijo es una tradición que los masones de mediano grado hacen para ser promovidos –continuó en Jinete Bermejo–. Pero eso es un juego de niños. Nosotros nada tenemos relación alguna con la masonería. La hemos superado infinitamente. Los más elevados secretos de la masonería tienen que ver, como su nombre lo indica, con la albañilería. ¿Y cuál sería la construcción más sublime que cualquier albañil educado podría construir? Sin duda el Tercer Templo de Salomón, justo a unos cuantos kilómetros de aquí. La masonería, en todas sus logias, es enteramente pro-sionista y nosotros somos exactamente lo contrario. Somos la encarnación del antisemitismo y nuestra misión es llevarlo hasta las últimas consecuencias. ¿Me ayuda con la explicación, su Alteza?

–Con mucho gusto –respondió el Jinete Azul, un emir de fabulosa fortuna–. Esta Hermandad Sagrada se constituyó el 11 de septiembre de 1999 con la intención de generar las condiciones para establecer un nuevo orden mundial antisemita en los albores de este nuevo siglo. Luego de establecer nuestra estrategia, al segundo año de labores nos dimos a la tarea de festejar nuestra consolidación derribando las torres gemelas de Nueva York, hiriendo el corazón de los intereses judíos en los Estados Unidos. En ese entonces decidimos que tu padre se convirtiera en nuestro brazo de relaciones públicas ante la ONU y en más de 100 países con un objetivo claro: en un plazo no mayor a 30 años, lograr que la población mayoritaria de Europa sea musulmana para evitar que se erija en salvadora de Israel y evite una intervención de la OTAN cuando éste sea invadido, y al mismo tiempo lograr que las fortalezas de Occidente sean desbaratadas sin piedad para que todas sus generaciones queden perdidas para siempre y estén impedidas para rescatar a los israelitas.

–Ahora entiendo…

–La filantropía nunca es gratuita –le dijo Sorovsky a su hijo–. Todo lo que hemos estado haciendo lleva la intención de mantener en el marasmo a la población del mundo, haciéndole creer que hacer lo que le da la gana es un Derecho Humano. Hemos conseguido que una inquietud homosexual natural en un niño que apenas está explorando su sexualidad se convierta en una orientación sexual definitoria, castrándolo para siempre. ¡Hemos alcanzado millones de abortos en los últimos tiempos! Hemos logrado que quien siente un llamado femenino en su interior se cambie el sexo y se sienta orgulloso de ello. Incluso hemos visto cómo hacer que la gente que ama a un perro se sienta perro y se case con uno. Poco a poco estamos invadiendo con drogas al hemisferio hasta que logremos dos continentes de idiotas. Logramos que el feminismo sea la regla en todas las naciones y que los sexos estén por siempre peleados entre sí, de manera que se odien y nunca se apareen. Hemos hecho de la homosexualidad no sólo una forma de vida, sino un imperativo categórico de conducta. Todo ha estado evolucionando tal y como lo hemos planeado, a fin de que en pocos años América y Europa no tengan freno, sean absolutamente disolutos y, como el imperio romano, caigan sobre su propio estiércol, abyectos y sin población. ¡Todos castrados y enajenados!

–Pero hay una cosa importante –añadió el Jinete Verde–. La Europa musulmana nunca sucumbirá, sino sólo la atea y la cristiana. Los musulmanes están blindados contra todas estas medidas simplemente porque el islam no deja espacio para el feminismo, el homosexualismo y el aborto. El islam se colocará por encima de todas las religiones, será mayoría absoluta en todo el globo, y al fin los judíos serán exterminados.

–Pero estoy seguro que los judíos se defenderán –repuso Charles–. Saldrán seguramente en su defensa con armamento nuclear y no dudo que hasta fabriquen un Mesías.

–Para eso estoy yo –repuso William–. Como seguramente sabes, mi padre es un Illuminati, de esos que creen que dominan el mundo. Pobre iluso. Ellos son los herederos de toda una tradición que puede despertar al mesías político de los judíos. Como sabes, los judíos no aceptaron a Cristo como mesías porque ellos querían un caudillo que los liberara de los romanos y no un predicador que les dijera “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, lo que le mereció la crucifixión. Los judíos están verdaderamente angustiados porque luego de 2000 años de profecías que anunciaron al mesías, llegó Cristo, y después de él no ha habido ni un solo profeta más, lo que claramente indica que Cristo en realidad fue su mesías, al que inmolaron. La única salida que tienen ahora es encontrar otro heredero de la casa de David para proclamarlo como mesías moderno. El problema es el árbol genealógico. Existe, o más bien existía, una serie de pergaminos, que para mí son un cuento, pero para los judíos practicantes es crucial, que detallaba la descendencia de Cristo hasta la actualidad. Por los Evangelios se conoce el linaje de Cristo desde el Rey David hasta él, pero según estos documentos, que estuvieron custodiados por los merovingios, los templarios, los rosacruces, los masones y ahora por los Iluminati, supuestamente se puede llegar hasta el más actual heredero de Jesús de Nazareth. Pero yo robé esos pergaminos de los Iluminati hace ya varios años y nadie sospechó de mí. De hecho, varios miembros de la Logia fueron asesinados por haber conspirado para robarlos, pero yo nunca fui sospechoso. Como verás, mi trabajo como doble agente ha sido extremadamente meticuloso. Hoy esos documentos ya no existen y los Iluminati ya no tienen razón de ser.

–Efectivamente –dijo el Jinete Púrpura–, aunque a decir verdad me parece que esos cerdos ya tuvieron su mesías, y ese mesías fue nada menos que Adolfo Hitler, quien les dio, como estaba escrito, su Tierra Prometida. Sin Hitler, Israel no hubiera existido. Así de sencillo. Gracias a Hitler se crearon las Naciones Unidas, quienes ordenaron la erección del Estado de Israel. Esta es la más grande paradoja de la Historia. Hitler quiso acabar con ellos y lo que logró en su lugar fue darles su Tierra Prometida. ¡Qué ironía! Quiero que sepas que dentro de nuestro plan de acción está también destruir al Vaticano por conspirar contra Hitler a través del general von Stauffenberg en la época de Pío XII y por haber establecido relaciones diplomáticas con Israel con Juan Pablo II. Sólo así se allanará el terreno para la llegada del Santo Imán Mahdi que lideree una sociedad islámica perfecta. El amigo de mi enemigo es mi enemigo.

–¡Y el enemigo de mi enemigo es mi amigo! –exclamó el Jinete Negro.

–¿Por qué lo dice? –preguntó Charles.

–Yo represento enormes intereses de la federación rusa. Aunque mi presidente ha declarado a la Fundación Sorovsky como enemiga del Estado, nuestro principal interés es menguar las fortalezas de nuestros enemigos, entiéndase Europa y América. Los judíos no nos interesan mayormente, pero queremos ver de rodillas a los Estados Unidos y colocarnos como primera potencia mundial. Rusia jamás permitirá que el progresismo mundialista que estamos impulsando permee sus fronteras. Está perfectamente blindada por sus sólidas tradiciones. Pero ver aplastados a nuestros enemigos naturales es nuestro mayor deseo. Por eso es que respaldamos cualquier confrontación de América con el mundo árabe. Nosotros fuimos los responsables y quienes financiamos la Primavera Árabe y el interminable conflicto de Siria, que acabará en manos rusas. Les vendimos las armas y sacamos un doble provecho. De hecho, estamos proveyendo de material nuclear a Irán pese al Tratado de no proliferación. Irán muy pronto estará en la mira de todas las naciones.

–Pero no entiendo bien –dijo el nuevo Jinete Blanco–. ¿Cuál es el beneficio de respaldar todas las controversias entre Occidente y el mundo árabe?

–No sólo respaldarlas, sino incluso provocarlas –continuó el Jinete Rojo–. Entre más pronunciada se haga la brecha entre los árabes y Occidente más fácil será terminar con el sionismo internacional. Recuerda que estamos contando con que Europa será un continente árabe antes de 10 años, y en ese momento daremos la estocada final.

–¿Y cuál va a ser la estocada final?

El Jinete Rojo observó a todos sus compañeros, quienes permanecieron en silencio. Estaba a punto de revelar el mayor de los secretos.

–Antes que nada debes estar consciente que lo que aquí se dice, aquí se queda, so pena de sufrir la peor manera imaginable de perder la vida. Supongo que tu padre ya te ha alertado sobre ello.

–Sí, claro. Puedo entenderlo claramente y acepto las condiciones.

–Bien. Se trata de un verdadero apocalipsis occidental como plan alternativo en caso de que su ruina no llegue de forma natural con las medidas que hemos encomendado al Jinete Blanco. Una de nuestras supuestas labores filantrópicas que tu padre ha hecho por encomienda nuestra para apoderarnos del mundo es la lucha contra el ébola. Tenemos un laboratorio perfectamente equipado con grandes cantidades del virus en Nigeria. Mientras llenamos de musulmanes a Europa e idiotizamos con ideologías perversas a Occidente, los judíos serán cada vez más vulnerables. Pero el golpe mortal vendrá cuando en Occidente logremos legalizar las drogas, ya no sólo la marihuana. Nos encargaremos de hacer una cumbre hemisférica para terminar con el narcotráfico internacional y entonces el Jinete Amarillo, quien mueve los hilos del narcotráfico mundial, organizará guerras civiles en Perú, Bolivia, Colombia, México y Estados Unidos. América entrará en una recesión sin precedentes, pues su economía está sostenida por el narco. Ese será el momento de soltar el virus en el agua potable de Nueva York, Los Ángeles, Houston, Chicago, y otras ciudades del Continente infiel, al mismo tiempo que todos los aeropuertos de Europa, Asia y África serán cerrados. La epidemia será exclusiva de América y no tendrán recursos para atender la emergencia, mucho menos para enfrentar una guerra con la Europa musulmana. En unas cuantas semanas, el mundo árabe declarará la guerra a los judíos, tomará Jerusalén y los desparecerá del mapa. No habrá campos de concentración. El exterminio será total. Líbano y Palestina han sufrido décadas de asedio. Se acerca la hora de la venganza. Europa tendrá el respaldo de Rusia, China y todos los países árabes, mientras que los infieles de América no tendrán capacidad de respuesta.

–¡Pero en algún momento la tendrán!

–¿Y qué más da? Ya no quedarán judíos en Israel. Se convertirá en un territorio en disputa por las potencias invasoras y el conflicto durará años. Y eso ya no nos importa. Pero para eso es absolutamente necesario acabar desde ahora con la dignidad humana en Occidente. Nos urge llenar a Europa de musulmanes. La tasa de natalidad local de Europa es del 1.1%, es decir, de poco más de un hijo por familia, mientras que cada musulmán que arriba como inmigrante lleva una familia de 10 o 12. Aun así, tenemos qué reducir la natalidad a cero. Es imperativo volver casi obligatoria la homosexualidad, el transgenerismo y el odio entre los sexos, pero sin que nadie lo note. Que surja como una forma de libertad de los pueblos, como si fuera una elección libre y espontánea de la gente para su desarrollo como persona. Y para ello tu padre ha sido el elegido. Su trabajo ha sido extraordinario. Nuestra misión es persuadir al mundo de no tener hijos. ¡No tengas hijos! ¡Bajo ninguna circunstancia! Tu padre ha sido un maestro en el arte de idiotizar a las masas. Y eso es justamente, además de darte la bienvenida como su sucesor, lo que nos tiene aquí reunidos. Queremos nombrarlo presidente honorario vitalicio de esta fraternidad y darle además estas guirnaldas cosidas en hilo de oro por haber sabido llevar metódicamente nuestras intenciones hasta sus más perfectas consecuencias en su labor con las Naciones Unidas y con la Fundación que preside.

–Jinete Blanco, ¡de pie por favor! –dijo el Gran Maestre, sultán de Brunetia–.

Sorovsky se puso de pie y se dirigió hacia él.

–Tus labores merecen el reconocimiento de toda la Hermandad, pues sin tu trabajo ninguno de sus proyectos se hubiere consolidado.

El Gran Maestre vertió un poco de aceite sobre la cabeza del Jinete Blanco y le colocó las guirnaldas.

–Con este aceite y estas guirnaldas te reconocemos y alabamos como el Anticristo. Tu autoridad sobre nosotros será plena e irrefutable porque nos consta que tu sabiduría nos llevará a puerto seguro. Tu hijo aquí presente te suplirá en tus funciones ordinarias y le damos la bienvenida.

–Muy agradecido con esta distinción –dijo Sorovsky–. Siempre he trabajado y seguiré trabajando por los ideales de la Hermandad Sagrada de Oriente.

–Esta distinción merece la pleitesía que alguna vez se estableció para quien recibiera el título que acabamos de conferir.

De inmediato todos se pusieron de rodillas, salvo Charles, que no tenía idea de lo que pasaba. Al cabo de unos instantes, hizo lo mismo.

Sorovsky caminó lentamente alrededor del grupo. Cada uno de los miembros besaba su mano.

El anticristo había ascendido. No como un demonio a la vista de todos, pero sí como el nuevo líder incuestionable de los que mueven los hilos del planeta.