Hace 11 años

María Luisa Aspe Armella

Doctora, Maestra y Licenciada en Historia por la Universidad Iberoamericana, donde es académica. Ha sido miembro del Comité Académico de la Maestría en Historia del Instituto José María Luis Mora y fue presidenta del Consejo Directivo del Instituto Mexicano de la Doctrina Social Cristiana. Forma parte del Comité Científico de esta revista.

 

Hace 11 años, en el marco de la conmemoración del bicentenario del inicio de la Independencia de México, el Dr. Jaime del Arenal –quien escribe en este número de Tiempo de Derechos– afirmaba: “Al conmemorarse este año el Bicentenario del inicio de la Independencia de México, los mexicanos viven, a diferencia de 1810 y 1910, dentro de un régimen democrático, bajo un sistema constitucional federal que sí funciona, y en un ambiente de libertades políticas inéditas, que distan mucho de ser las que imperaron durante todos los siglos XIX y XX. Si bien falta mucho para hacer de la sociedad mexicana una sociedad justa, se hacen esfuerzos considerables para lograr el cabal cumplimiento de la ley por parte de to[1]dos sus miembros, frente al antiguo sistema de disimulos, complacencias, pactos encubiertos y excepciones que privilegia a unos cuantos grupos de individuos”.1

Suponemos, sin preguntar directamente al apreciado doctor, que si reescribiera aquellas palabras en este presente que habitamos y que nos habita, se vería en la penosa necesidad de introducir matices en aquellas palabras, reflejo de convicciones contundentes muy de acuerdo con un contexto nacional esperanzador que permitía reescribir la historia con el ánimo de hacer las paces con nuestro pasado y no, como dijera Edmundo O´Gorman, con el afán de “regañar a los muertos”.

Don Jaime se congratulaba en su texto de que la vigencia del estado de derecho y el funcionamiento del régimen de libertades sentaba las bases de un revisionismo histórico sereno, realizado por historiadores profesionales “que escriben acerca del proceso que llevó a la formación del Estado mexicano independiente en la segunda década del siglo XIX, en plena libertad y no sujeta o determinada por cánones ideológico políticos impuestos por el gobierno…” Hoy más que nunca, toca a los historiado[1]res hacer frente a los intentos que abundan de falsear la historia con intereses políticos y motivaciones ideológicas, en un 2021 cuajado de conmemoraciones patrias reales y ficticias. No hacerlo implicaría cerrar la puerta una vez más al anhelado ideal de unidad que no exento de contradicciones, se plasmara con claridad en el Plan de Iguala y se concretara en la consumación de la Independencia que hoy queremos traer a la memoria.

 


1  Jaime del Arenal. Independencia de México. Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM/ www.juridicas.unam. mx/ htpps/biblio.juridicas.unam.mx/bjv.