Enganche por enamoramiento, clave de la prevención

Diana Ibarra Soto

Doctora en Filosofía por la UNAM, especializada en la transversalización de la perspectiva de género, el desarrollo humano y en feminismos. Socia Fundadora de Gender Rating y Profesora-Investigadora de la Universidad Panamericana y el Tec de Monterrey. Fue Consejera del Instituto Nacional de las Mujeres de 2012 a 2018.

 

Lorena Álvarez Contreras

Filósofa por la Universidad Panamericana, especializada en teoría de género. Analista de Inteligencia internacional con experiencia en seguridad corporativa e investigaciones globales. Entre sus materias de interés destacan trata de personas, feminismo y personalismo.

 

Muchas jóvenes caen en redes de trata y prostitución ante muestras mínimas de atención y cariño; desconocen que el amor es un acto libre de donación, que el amor no es un objeto de consumo.

Es notable que hoy en día todo se puede consumir. Desde un producto hasta una experiencia, todo tiene costo. El consumo no conoce límites. Se ha llegado al punto en el que la línea entre aquello que puede comprarse y lo que no, es totalmente difusa. Son ahora las mismas personas el objeto a consumir. La sociedad está en el punto donde un cuerpo se ha vuelto un producto más. Incluso puede decirse que nos autoconsumimos basados en una serie de requerimientos del mercado, el símbolo colectivo y mandato cultural. Hemos consumido tantas cosas, incluso aquello que parecía impensable, que en ocasiones parece que no hay vuelta atrás.Pero,¿cómo llegamos a consumir a las personas? ¿En qué momento se dio un salto tan grande y tan drástico? Esa pregunta se resuelve volviendo al primer paso de la ecuación: el abuso del otro, de su vulnerabilidad, para lograr someterlo a la voluntad de uno y, después, utilizarlo. Hemos consumido ya tantas cosas, hasta el amor.

Actualmente, hablar de amor es casi como hablar de un mito. En una época donde el placer está tan “a la mano”, no vale la pena entretenerse con algo como el amor: tan complicado, exigente, doloroso, absorbente y, en muchas ocasiones, finito. Sin embargo, esto no invalida la búsqueda constante de cariño y reconocimiento. La pérdida de la creencia en el amor “real” sólo ha intensificado la de su primera etapa, aquella en la que todo parece bueno y bello: el enamoramiento. Este momento específico consta del tiempo en el que dos personas se conocen y comienzan a forjar una relación afectiva que, en algunos casos, se convierte en una relación de pareja. En esos primeros instantes, los sentimientos están a flor de piel, todo suele fluir fácilmente y es común que se pierda el piso frente al ser amado. No se le ve como un ser con defectos, sino sólo con virtudes y cualidades.

El enamoramiento, en esta época de consumo, está “a la venta”. Las vidas de muchas adolescentes y mujeres se construyen a partir de una validación entre ellas mismas y frente al sexo opuesto. En un afán de vivir una experiencia “romántica” profunda e intensa, buscan por todos los medios ser deseables y deseadas. Esto en el fondo responde a una necesidad de sentirse queridas y apreciadas por una pareja sentimental, como si su valor viniera de un externo y no de ellas mismas. Todos los días se publican miles de fotos y videos en las redes. En los más modestos de los casos, se busca un like, pero esa necesidad de atención puede desembocar en situaciones más graves. Hay por todos lados representaciones epidémicas de todo lo consumible, que se contagian sin suficiente uso de la razón en cuanto a los medios, los fines y las consecuencias. En este contexto, el enamoramiento se presenta como un ancla a la qué aferrarse. Las jóvenes caen ante muestras mínimas de atención y son más susceptibles a ser utilizadas y, en última instancia, consumidas.

Han existido intentos por cuestionar el momento en el que el amor conoció al mercado y este ideal confuso atención-validación-cariño (Eva Illouz, Clara Coria, entre otros), pero lo cierto es que dichos cuestionamientos no han obtenido el eco deseable. Aunque de hecho hay un feminismo que busca concientizar sobre las relaciones sanas, horizontales y corresponsables, donde hay educación afectiva y su ejercicio, aún permea la idea errónea de que el valor de una mujer se basa en su estatus afectivo. No es raro escuchar comentarios sobre que alguien es “solterona” o “dejada” y se menosprecia la soltería, mientras que se elogian las relaciones de pareja. Siguiendo esta misma línea, es posible plantear que existe cierta ideología que presenta a los hombres como salvadores frente a las mujeres, como aquellos que las sacarán de un estado indeseable y las harán plenas. En este contexto vale la pena hablar de un fenómeno que se vive día a día en las calles de todo el mundo: el enganche por enamoramiento de mujeres para ser víctimas de trata sexual.

La trata sexual, de hombres y mujeres, tiene un momento conocido como “enganche”. Esto sucede cuando el tratante tiene un primer acercamiento a la víctima y se presenta. Hay muchos tipos de promesas que se hacen al iniciar esta relación, algunas son laborales, de fama y otras de amor. Aunque los casos de enganche por enamoramiento pueden darse tanto en hombres como en mujeres, en este artículo se analizará exclusivamente la situación de vulnerabilidad de las últimas, pues el entorno patriarcal suma a que sean más propensas a caer en este tipo de engaños.

Cuando un tratante se acerca a una mujer con la finalidad de engancharla para posteriormente prostituirla, estudia sus vulnerabilidades. Son numerosísimos los casos en los que estas jóvenes están tan necesitadas de afecto que aceptan cualquier tipo de cariño que se les ofrezca, incluso el más somero. ¿De dónde viene esta desesperada necesidad?, de una sociedad que les ha vendido la idea de que solas no valen nada y que necesitan un hombre que las salve y las valide frente a los otros. Además, hay que añadir, afecta en gran medida el entorno familiar. Es en este primer núcleo donde se siembra la idea de poca valía en las mentes de dichas mujeres, lo que las vuelve vulnerables a la trata. Dentro de todos los consumos posibles, el más difundido es el de mujeres y niñas atrapadas en las redes de la prostitución forzada.

Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en su Reporte global sobre el tráfico de personas 2020, el 50% de los casos de trata a nivel mundial se refieren a la explotación con fines sexuales. Ese es el fin que tiene el 77% del total de las mujeres explotadas (2021). Con todo lo que se ha dicho, es posible plantearse que no es casualidad que sean más las víctimas femeninas de este delito.

El modus operandi es el siguiente: un enganchador, mayor en edad que su contraparte, identifica quien será su víctima. Normalmente las ubican fuera de las escuelas, parques, etc., y las abordan casualmente. Si en esa primera conversación identifican una carencia afectiva o alguna vulnerabilidad que les abra la puerta a dar el siguiente paso, la toman. La finalidad de enamorar a la joven es volverla fiel a ellos, de esta manera, la mujer les abre el corazón y les da toda su confianza, esperando que él responda de manera tierna y comprensiva. Y así lo hacen al principio: las miman, las tratan bien y las convencen de que sólo ellos las entienden. Una vez que ella está enamorada, la someten y la obligan a cumplir sus órdenes, es decir, a prostituirse.

A lo largo de varios años de investigación hemos revisado no sólo la literatura existente con respecto a la trata de personas, el enganche por enamoramiento y la dinámicas eróticas y sexuales del mundo actual. Además, nos dimos a la tarea de entrevistar a profundidad a sobrevivientes de trata sexual del programa de Camino a Casa A.C., que habían sido enganchadas por medio del enamoramiento. Camino a Casa ha realizado una sobresaliente labor desarrollando un programa que les permite a las sobrevivientes emprender un sendero de vuelta a la normalidad, dotándolas de herramientas para la vida, terapia de recuperación y redes de apoyo para facilitar su reinserción en sociedad. Todo esto en un ambiente de alta seguridad (entendamos que varias de ellas están lidiando con el crimen organizado) y respeto irrestricto a la dignidad de la persona. Con más de 200 víctimas atendidas, Camino a Casa brinda un espacio seguro para mujeres sobrevivientes que quieren y desean volver a empezar.

En este sentido queremos hacer dos mociones. La primera es expresar nuestro más profundo reconocimiento a la entereza de Pamela, Karla y Neli, mujeres valientes y generosas, quienes, a pesar de haber pasado por un infierno, han logrado ser dueñas de sí mismas y convertirse ahora en integrantes activas de una lucha frente a este terrible crimen. La segunda, destacar que el objetivo de relatar su historia es ahondar en la concientización de los riesgos a los que se está expuesta como mujer en un mundo desigual y patriarcal para abonar a la prevención.

Las condiciones de vulnerabilidad son frecuentemente abordadas en los estudios sobre trata de personas: penurias económicas, violencias varias, migración forzada, son razones aludidas. Sin embargo, las condiciones de vulnerabilidad interna son aún más riesgosas. De la mano de las externas, está la condición psicoafectiva provocada por ellas y las idealizaciones a las que hemos hecho referencia. La falta de reconocimiento en la familia acarrea una lesión grave en el autoestima. Diría Axel Honneth: “Así, el crimen social, el menoscabo a la dignidad del otro, imprime una herida moral, por la que las personas son lesionadas en el entendimiento positivo de sí mismas” (La lucha por el reconocimiento).

Nos resultó llamativo que las tres entrevistadas hablaran de la falta de reconocimiento por parte de sus familias. No se sentían valoradas, entendidas, ni apoyadas. En el caso de Pamela manifestó que tenía múltiples problemas en casa y su enganchador le prestó atención y consejo. Era educado, simpático y atento. Incluso la llevó a conocer a su familia, donde ella encontró un ambiente de cordialidad y consentimiento. En casa, a Pamela nunca la habían celebrado, y su enganchador por primera vez festejó su cumpleaños: “En mi familia (…) nunca me festejaron mi cumpleaños…, y era lo que sí sentía como resentimiento, también porque a mi hermana le hacían fiesta con mariachis y con todo . (…) Él fue el que me empezó,me festejó mi cumpleaños en grande, con toda la familia de él y me pusieron música y, o sea, fue como que…, fue padre.”

Por su parte, Karla relata que después de vivir en situación de violencia doméstica, a la segunda ocasión de ver al que fuera su tratante, él le dijo: “¡Hola, princesa! ¿Cómo estás? Te quiero ver.” Y ella nos comparte: “Yo, pues bien emocionada, pues le digo: ‘sí, ¿cuándo? ¿En dónde y a qué horas?’ Me trajo cosas, chocolates, un oso de peluche.”

Esta situación de falta de reconocimiento y apoyo genera que las mujeres se perciban solas, e incluso realmente lo estén. No es poco frecuente que cuando una mujer “se va con el novio”, la fiscalía deseche el caso, incluso cuando se trate de una menor de edad. Es precisamente en este momento cuando se debe tener especial cuidado, pues la mujer se ha quedado sin su red de apoyo, si es que alguna vez lo tuvo.

En el caso de Pamela, fue su misma madre quien la corrió, al igual que a Karla, quien estuvo en situación de calle por algún tiempo. Neli, por su parte, vivía lejos de su familia. Ella se encontraba trabajando y estudiando a la vez que experimentaba un sentimiento de soledad que su enganchador aprovechó al hacerse presente y dar escucha a sus problemas. En todos los casos esa actitud benevolente fue un engaño. De una o de otra manera motivaron que dejaran su lugar de residencia. El desarraigo es crucial, pues despojan a las mujeres de sus redes de apoyo, familiares, amistades y personas conocidas de escuela o trabajo. Las llevan a vivir a un lugar distinto a su ciudad y progresivamente empiezan dinámicas de posesión y violencia.

¿Y por qué no salir y denunciar?, ¿por qué no parar una dinámica de maltrato? El fantasma del amor romántico hace su reaparición. En muchas ocasiones se piensa que hay que “hacer todo por amor”. A este respecto comenta Clara Coria: “El amor, por más maravilloso que sea el sentimiento contenido en él, no está exento de costos, y cuando dichos costos son excesivos, alteran el equilibrio amoroso perturbando el sentido de su intercambio.” Efectivamente el amor supone donación, lo cual implica velar por el bien del otro. Pero esta donación no puede infligir una herida a la propia dignidad.

En el caso de Neli, al poco tiempo de cohabitar con su novio-tratante, él le dijo “pues necesito dinero y, así como yo doy la vida por ti, tú la tienes que dar por mí. Vas a trabajar de sexo servidora en la Ciudad de México”. Por su parte, Karla nos comenta recordando sus primeros días en el prostíbulo: “Ahí empiezas a ver que el amor que él fingió, la atención que él fingió, los tratos que él me daba, pues eran totalmente mentira, ¿no? Entonces, ahí te empiezas a dar cuenta de que todo lo bonito que te habían dicho, todo lo bonito que te habían prometido, todo aquello que tú pensabas, te ilusionabas y anhelabas, por mucho tiempo, nunca iba a aparecer.”

Todas las sobrevivientes explicaron su resistencia al ejercicio de la prostitución. Sin embargo, por una mezcla de miedo, amor y dependencia, la ejercieron en contra de su voluntad, siendo violadas varias veces al día. El amor que se utiliza como herramienta de dominación, en este punto, no es sólo el romántico, sino el amor a la familia, pues pese a que sufrieran violencia o no, la mayoría de los tratantes amenazaron con asesinar a los familiares en caso de tratar de escapar. El caso de Karla es especialmente cruento, pues se embarazó bajo el esquema de trata y la amenazaban con matar a su hijo si ella buscaba una salida.

En una sociedad que consume todo, hay que salvar al amor, empezando por uno mismo. El reconocimiento irrenunciable de la dignidad personal y las exigencias que de esta dinaman.

Neli, Pamela y Karla no se equivocaron al creer en el amor, todas las personas tenemos derecho a ser amadas, a buscar ese tipo de realización. Pero se pusieron en pausa, al vivir en un mundo que las vio como objeto y les impregnó de dicho discurso. Ahora tienen vidas logradas, enfermeras, abogadas, activistas, mujeres decididas a quererse a sí mismas, nunca más a expensas de las valoraciones de alguien más.

El amor en los tiempos postmodernos y bajo una conciencia promovida desde un feminismo centrado en la persona, tiene que dejar de ser una trampa para ser un acto supremo y trascendente de plenificación mutua, de apertura a la vida y sus posibilidades, pero dentro de un marco de respeto y valorización. El amor al otro o de otro no puede ser la salida a una situación de pobreza, violencia o necesidad. Eduquemos desde un empoderamiento que impulse a las mujeres a amarse a sí mismas, para que después, si lo deciden, y en la mejor de las condiciones, puedan amar a alguien más. Exijamos una sociedad donde el amor sea donación libre y no objeto de consumo.