Encuentro casual de Presidentes

 

Cualquier coincidencia con la realidad es producto del azar

 

Daniel González-Dávila

Abogado por la UNAM. Exdelegado presidencial ante la SCJN y Jefe de la Unidad de Relaciones Internacionales de la misma. Profesor de Derecho Procesal Constitucional y Control Constitucional Mexicano. Escritor y Barítono.

 

Hace no mucho tiempo, en un país muy muy lejano, había llegado el día de la sucesión presidencial. Todo estaba dispuesto para que a las 11 de la mañana el Presidente saliente entregara la banda presidencial al nuevo Presidente electo en una ceremonia solemne ante el Congreso federal. Un día verdaderamente importante y simbólico para toda esa nación.

Eran las nueve de la mañana. En el Congreso ya estaba todo dispuesto, pero los dos presidentes, cada uno por su lado, sólo esperaban a que llegara la hora, con una mezcla de emociones entre ansiedad, aburrimiento, hastío, zozobra y un poco de molestia por tener que cubrir con un protocolo oficial cuando ya nadie obedecía al presidente saliente y todos reportaban al entrante.

Fue así como el presidente saliente, don Heriberto Piña, se animó a tomar el teléfono y le llamó al entrante, don Armando López, y éste le contestó:

─¡Heriberto! ¡Qué sorpresa tu llamada! ¿A qué debo el honor?

─Pues mira Armando, yo estoy algo nervioso por el evento de las 11 y no encuentro paz por ningún lado. No sé tú, pero a mí me vendría bien distraerme un poco. ¿Ya desayunaste?

─Pues no, todavía no. A mí me pasa igual. Estoy como león enjaulado. Si quieres nos vemos en la Casa Grande en 15 minutos y desayunamos. ¿Qué te parece?

─¡Magnífico! Aquí platicamos un rato y luego nos vamos al Congreso. Te espero entonces.

Antes de 15 minutos, el Presidente electo arribaba a la Casa Grande y fue recibido por el saliente. Los extremos rivales políticos se abrazaron como si nada y se sentaron a desayunar.

─Bueno, pues a partir de hoy me voy de esta casa ─dijo el Presidente Piña.

─Y se quedará como Museo del Pueblo ─le contestó el Presidente electo─. Yo me iré a vivir a Palacio, como bien sabes.

─Ay Armando, pero qué necedad la tuya de ir contra corriente en todo. Palacio es lo que debe ser un museo. Aquí tienes una casa normal, con oficinas adjuntas. Pero respeto mucho tu opinión. Lo sabes.

─Tú también sabes que mi gobierno va a ser austero y republicano. Y que la sede del Poder Ejecutivo está en Palacio. Pues ahí voy a vivir.

─Pues yo no pasaría ni una noche ahí. Debe estar repleto de espectros y demonios.

─Son precisamente los que voy a sacar…

Ambos rieron por un instante.

─Me haces mucha gracia mi querido amigo ─continuó el Presidente electo─, pero eso no va a impedir que mi gobierno persiga a cada corrupto de tu administración y recupere cada centavo que se haya desviado.

─Oye, oye, tranquilo, estamos platicando a gusto. Yo no tengo nada qué esconder. Me voy con las manos limpias.

─¡No me digas! ¿Y la Casa Blanca? ¿Y Obedrecht? ¿Y los contratos chuecos del aeropuerto?

─De todo eso ya hubo investigaciones y salí perfectamente limpio. ¡Más bien preocúpate tú por lo del aeropuerto! No puedes cancelar todos esos contratos por Decreto Presidencial. ¡Son contratos! Si los cancelas unilateralmente será un tremendo acto de molestia y la Cámara de la Industria va presentar una lluvia de amparos.

─Tú ya no te preocupes. Los tengo comiendo de mi mano. Además, ¿alguna vez me has visto cumplir una sentencia de amparo? Yo hago lo que el pueblo quiere, no lo que los jueces quieren.

─Bueno, mi amigo, pues si quieres un consejo, no hagas eso. En este país hay tres poderes, no dos.

─Voy a tener muy buenos abogados que me van a defender y que van a hacer muy buenas leyes.

─Oye, a propósito de leyes, ¿Qué tanta cosa está haciendo tu Partido en el Congreso? De verdad estoy muy asombrado. Legalizar la mariguana, aborto en todo el país, pues ¿de qué se trata? Legalizar la mariguana lo único que hará será embrutecer a la gente y que el crimen organizado busque otras formas de financiamiento.

─No Heriberto, vamos a pacificar al país. Que fume mariguana el que quiera, y por lo pronto su tráfico ya no será problema. Pero la cuestión va más allá. Tiene que ver con el “libre desarrollo de la personalidad”.

─¿Y eso qué es?

─Pues mi Secretaria del Interior me lo sabe explicar muy bien. Yo no soy abogado. Pero más o menos se trata de que cada mexicano pueda ser y expresarse como desee, forjar su personalidad como le plazca.

─Ya sé a qué te refieres. Por ejemplo, al matrimonio homoparental o al cambio de sexo.

─Así es.

─Sí, yo sufrí de todas esas cosas a cambio de apoyo financiero por parte de George Soros. Es un maldito dolor de cabeza.

─No hables mal de él. ¡Es un benefactor que quiere un mundo mejor!

─Bueno, esa es tu opinión. Pero ten cuidado con el tema del “libre desarrollo de la personalidad”. Bajo ese argumento puede legalizarse cualquier cosa que te imagines: que los drogadictos se puedan inyectar heroína en la calle; que se pueda servir carne humana en los restaurantes; que se autorice el bestialismo o la necrofilia, o cualquier cosa que se te ocurra sólo porque “es mi derecho para mi desarrollo personal”.

─No, esas son locuras.

─No son locuras. Por ese indetenible Derecho Humano, Miss Francia entró a un concurso de belleza femenina siendo transexual, pero a Miss Alemania la eliminaron por haber sido madre. Eso es lo que sí es una locura. También decíamos que era una locura el cambio de sexo hace 20 años. Soros está metiendo su agenda para la desestabilización mundial a como dé lugar. Ya tiene a toda Europa llena de musulmanes. Y ahora pretende llenar a Estados Unidos y a México de maras salvatruchas.

─Eso ya lo hablamos. Los hondureños son refugiados y merecen trato digno, así como nuestros connacionales en el norte.

─Armando, te lo reitero: ve a las estaciones migratorias. Se trata de maras reclutados entre mujeres y niños. Son delincuentes que no les importa morir a cambio del dinero que se les dio. No quieren agua. Quieren Coca-Cola. No quieren frijoles. Quieren pizza. Y nuestro vecino del norte no los va a dejar entrar. Vas a tener que lidiar con ellos, que seguramente se incorporarán a algún cártel o harán el suyo propio. No me dejaste cerrar la frontera, y de eso te vas a arrepentir.

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─Necesitamos fuerza de trabajo para el tren peninsular. Ahí se van a entretener.

─¿Y cuando terminen qué?

─Vamos día por día.

─¡Cómo que día por día! ¡Hay que tener visión de Estado!

─¡Óyeme! Aquí el que no tuvo la menor visión de Estado fuiste tú. Armaste un gobierno de telenovela que te compramos por tres meses. Todo lo demás fue fracaso tras fracaso y desfalco tras desfalco. ¿Cómo quieres que respete a los jueces cuando a tu gobernador predilecto le dieron 7 años de cárcel reducibles a tres por un desfalco jamás visto en la Historia del país? ¿De verdad crees que yo confío en el Poder Judicial? A leguas se ve tu mano negra en ese asunto.

─Por supuesto que no. La Fiscalía General de la República presentó cajas y cajas de evidencia. Pero su abogado fue muy hábil y cambió el supuesto de delincuencia organizada por el de asociación delictuosa. ¿Yo qué tengo que ver con eso?

─Pues es muy sospechoso.

─Jamás he invadido la competencia del Poder Judicial. Nunca. Me consta que es intachable.

─Pero bien que has metido a tus allegados a la Suprema Corte.

─¿No será al revés? Yo presenté ternas con abogados de probidad intachable, con carrera judicial o administrativa de muchos años. Pero el que parece que va a presentar ternas a modo eres tú.

─Los próximos ministros serán los que el pueblo bueno y sabio disponga. Yo me haré asesorar por la calidad extrema de los integrantes de las ternas, pero mi Partido será el que decida.

─¿Y eso no te hace sentir incómodo? ¿Algo así como que serás tú quien designe a los ministros de la Corte?

─¿No los designó a todos Ernesto Zenteno en 1995? No. No me quita el sueño. Además, vamos a hacer una nueva Constitución. No te preocupes por dos o tres ministros.

─¿Y qué más preverá esa nueva Constitución que no sean los Derechos Humanos y sociales que ya prevé la actual?

─Vamos a romper muchos paradigmas. Más Derechos Humanos, más derechos sociales, más participación social y democrática. Pero sobre todo una nueva forma de Estado y una nueva forma de gobierno.

─¡No estarás hablando de la reelección al estilo Venezuela!

─Todo a su tiempo, mi querido amigo, todo a su tiempo…