Constitucionalidad en riesgo

Rafael Estrada Michel

Director General Ejecutivo.

 

Margarita Zavala, jurista, ha vuelto a su lugar natural: el Congreso de la Unión. Tiempo de Derechos tuvo la oportunidad de platicar con esta abogada que nos convoca, en estos tiempos, a fortalecer los derechos, el bien común y la dignidad de la persona.

Rafael Estrada (RE): El Estado constitucional y democrático de derecho es la gran agenda pendiente del país y da la impresión de que los tiempos no son muy propicios para los derechos…

Margarita Zavala (MZ): Digamos propicios para la defensa de ellos y para el fortalecimiento de ellos en la medida que desde el Gobierno no se está buscando un Estado constitucional y democrático de Derecho. Lo que tenemos es un Estado, pero no democrático ni constitucional; o, por lo menos, vemos en riesgo todos los días al Estado democrático y constitucional no sólo por la clara intención de diluir la división de poderes, intención que para colmo ha contado con los propios poderes en renuncia a sus funciones y a su propia dignidad: un Poder Judicial –al que vimos actuar de otra manera frente a otro Poder Ejecutivo– en esta administración realmente ha cedido una y otra vez su función jurisdiccional y su independencia como poder; y un Poder Legislativo que ve como un triunfo el no tener una mayoría calificada del partido del Gobierno, nos da la idea del riesgo en que se halla la constitucionalidad.

En lo tocante a la falta de un Estado democrático de Derecho, en términos también de respeto a los Derechos Humanos, basta ver algunos temas de política social y de seguridad para darnos cuenta de que falta mucho para poder hablar de un Estado democrático de Derecho.

RE: ¿Qué pasó con la transición? ¿Se quedó sin aire, sin fuelle?

MZ: Me parece que la transición fue terminando y lo que no hubo fue lo que sigue. La transición incluyó prácticamente 35 años en términos históricos, no se dio de un día para otro, pero se fue terminando, y a la hora de consolidar la democracia se empezó a fallar; ahora estamos justamente en el riesgo de no consolidarla. Esa es mi preocupación: algunos creímos que con la llegada de la democracia iba a llegar la legalidad y no llegó, iba a llegar la honestidad, y pues no llegó. Tendría que haber sido algo mucho más trabajado, tanto como la democracia electoral; y desde la perspectiva de derechos, es decir, sin volver a prácticas patrimonialistas y asistencialistas, olvidando que existe una serie de derechos fundamentales que obviamente se conquistaron, nadie nos los regaló. También hay un artículo primero constitucional que es extraordinario y que debería ser guía actual tanto para la autoridad como para los ciudadanos, una perspectiva de derechos desde la política pública y de las decisiones de Gobierno.

En cambio, hoy tenemos una política social que sólo está basada en la transferencia directa e incondicional de dinero y la tentación es clara: cumplir con una perspectiva electoral de votos, de maquinaria de movilización, en donde el derecho a veces hasta estorba. El fin, no es garantizar los derechos, sino tener una maquinaria electoral en términos políticos encarnada en una sola persona que rompe con la división de poderes. Entonces, como dice Ferrajoli, la democracia se convierte sólo en una maquinaria de contar votos y esta democracia procedimental se encarna en una mayoría y esa mayoría en una sola persona. Si la única reforma de política social o para terminar la pobreza es elevar a rango constitucional un programa que tiene como base la entrega directa de dinero, pues en realidad no estás celebrando el derecho a desarrollarte, a salir de la pobreza, a crecer económicamente, a mantener tu casa…

RE: Has hablado de división de poderes y de la función legislativa, y ahora hay buenas condiciones digamos institucionales, para profesionalizarla. Me refiero, por ejemplo, a que hay reelección inmediata: ustedes van a poder estar ahí por más legislaturas. ¿Cómo ves la agenda legislativa para esta y para las que vengan en el futuro próximo?

MZ: Creo que ahí falta un poco una cultura legislativa. Los propios legisladores debemos tener clara nuestra función, que no es una función administrativa, que no es una función jurisdiccional, sino que lo que tienes que hacer es generar el Derecho como una fuente, quizá la más importante, que es el proceso legislativo. A mí me preocupa la falta de un principio de subsidiariedad en las leyes: tratar de regular todo al modo de uno o al modo de no sé quién o incluso ahora hasta instrucciones de la Corte tenemos para legislar conforme a lo que ellos creen para no tener después problemas con sus decisiones, y no: el derecho es dinámico y desde la fuente formal de la legislación tú tienes que generar la mayor parte de libertades con las menores restricciones posibles.

Gran parte de lo hermoso del artículo primero constitucional radica en el tema de la dignidad de la persona, pero también en que el derecho nacional tiene hoy una fuente convencional. Lo veo en exposiciones de motivos –no en las del presidente de la República actual–, pero lo veo en algunas discusiones que se hacen entre estudiantes, entre barras de abogados: empieza a ser algo normal integrar el derecho internacional en el derecho interno…

RE: Tras muchas resistencias…

MZ: Muchísimas. A lo mejor, sin querer, algunos formamos parte de ellas, pero la verdad a mí me gusta el artículo primero porque es parte de considerarte en un mundo global y eso es fundamental para el Derecho, para la política pública, para la economía, para el cambio climático: considerarte parte, nunca el todo.

RE: Ahora que hablabas de las iniciativas del Ejecutivo te pregunto: la reforma eléctrica ¿pasará?

MZ: Hay que entender esta reforma como una reforma estructural. No es sólo la luz, sino que se refiere a la generación de energía en general. Cuando leí la iniciativa que fue presentada el viernes primero de octubre, me generé una idea muy clara de porqué había que ir en contra: desde la presentación misma de la exposición de motivos está plagada de ideología. Empieza diciendo que el fin de la legislación que se pretende abrogar es despojar a la nación de los bienes que históricamente le han correspondido. Va cargada con una ideologización que creo que hace mucho daño en la materia misma y hasta en la vida jurídica de un país.

RE: Pero viene de una historia oficial que se resiste a morir…

MZ: Claro, y además de los años del milagro económico. En esa época sólo algunos pocos hablaban de medio ambiente y de cambio climático y ahora hay un compromiso muy claro y un desarrollo de los derechos de tercera generación, de solidaridad, medio ambiente… Creo que eso es algo que tiene que ser ya un principio cada vez que se legisla.

RE: Incluso puede haber responsabilidad internacional si no lo haces…

MZ: Esta iniciativa, por ejemplo, está ideologizada, es expropiatoria y por lo mismo rompe con principios elementales de derecho, con la seguridad que requiere cualquier inversionista. De pronto se cancelan permisos o algo se convierte en ilegal con base en ideologización; genera una incertidumbre que no te permite ninguna inversión. A veces, incluso parece una ley privativa del director de la CFE: rompe con principios claros de derecho y con principios económicos muy elementales. Uno podría pensar que es una discusión teórica, pero el problema es que va a venir en el recibo de la luz, vendrá en el gas; se convierte en un gran problema, pues cuando se trata así a las empresas, también se afecta a la estética, al taller mecánico, a los hospitales, a todo aquel que tenía un panel solar y que ahora estará en riesgo de ilegalidad.

RE: ¿Se requiere una reforma energética?

MZ: No. Me parece que hay muchas cosas que se requieren revisar, incluso para liberarlas más; es decir, para reconocer más libertades y eso es un asunto más de leyes secundarias que constitucional.

RE: Se ha dicho que nuestros socios del Tratado de Libre Comercio han aprovechado muy bien, sobre todo Canadá, los recursos energéticos de México, y que ahora nos toca a nosotros.

MZ: Eso es demagogia. La verdad es que que las empresas, como es natural, se asocian entre ellas y trascienden fronteras. Si no fuera así, ¿para qué tendrías un tratado? Yo lo que quiero es que la gente viva bien, que viva dignamente, que no se encarezca su vida. Hemos visto en estos años la enorme vocación que tiene México para la explotación de energía renovable, el viento, el sol, el agua; si queremos ser dueños de nuestros propios recursos, lo que tenemos que liberar son las posibles energías renovables que no puedas producir a bajo costo.

RE: No puedo dejar de preguntarte esto. Se ha hablado incluso de que ustedes como legisladores respondan de su voto; públicamente el presidente de la República lo dijo y sucede que los diputados no son reconvenibles por sus opiniones y mucho menos por sus votos…

MZ: Claro, no lo había visto así, pero es cierto. Realmente no tendría por qué el titular del Ejecutivo juzgar mi voto. Lo que hizo fue una amenaza: serán ventaneados, serán expuestos en “las mañaneras”. Por mí, que exponga todas mis cuentas, no tengo nada que ocultar ni mucho menos, pero es una amenaza: él tiene la fuerza pública, él tiene la Fiscalía General de la República, que cada vez nos demuestra más que está al servicio de él.

RE: Y esto cuando ha habido una reforma estructural precisamente para dotar, si no al Ministerio Público, sí a la Fiscalía de autonomía…

MZ: Sí claro, y era precisamente para que no obedeciera a los caprichos de un Ejecutivo. No fue así porque hubo de fondo algunas fallas sistémicas, pero también depende mucho –como en todo, así como decían en la escuela donde estudiamos– del honor de las personas, en los órganos depende mucho del honor de quien los integra: sí importa quién es presidente, sí importa quién es fiscal general, una legislación puede tratar de conservar la autonomía, pero al final importa quién va a ser el titular y con qué dignidad lo va a llevar.

RE: Ya que has hablado de una palabra clave, “dignidad”, y dado que el Estado mexicano está al servicio de la dignidad de las personas (por lo menos eso dice el quinto párrafo del artículo primero), tampoco puedo dejar de preguntarte acerca de las recientes resoluciones relacionadas con el aborto y la objeción de conciencia. Supongo que la agenda legislativa tendrá algo o por lo menos algunos grupos parlamentarios buscarán que esa regulación se compagine con las mencionadas resoluciones judiciales.

MZ: En relación con lo que resolvió la Corte, a mí en gran parte lo que me preocupó es la ausencia de argumentos jurídicos. Creo que por eso todavía no podemos ver el engrose y la resolución completa. Me preocupa que no se detienen frente a la vida, no toman en cuenta, ni siquiera voltean a ver la dignidad humana del que no ha nacido. El artículo primero no es el que usa el tribunal pleno. En la segunda resolución me parece que todavía es más claro el problema porque no sólo desconocen otra vez esta dignidad, sino que eliminan la facultad de los congresos locales para proteger la vida de quien no ha nacido. Rompe además con un principio federalista que a mí me parece fundamental; está respondiendo a una constante en los últimos años que es la aglutinación del poder a costa de los congresos locales y eso sí es preocupante; y eso lo veo también en la ley de juicio político, lo veo en la iniciativa de reforma energética, lo veo en el actuar de la Fiscalía, lo veo en cada posicionamiento del Poder Ejecutivo e incluso en la propia Corte, que envió un mandato concluyente, como si pudiera girar instrucciones en términos de objeción de conciencia: hay que regularla, dijo el tribunal en una sesión que tuvo una orientación política, ideológica o personal muy clara.

No debe el Poder Judicial tener esos desplantes legislativos y sin embargo no es la primera vez que lo hace.

Nuestra Constitución protege la libertad de conciencia, pensamiento y creencias, y la objeción de conciencia tiene que verse en esa amplitud y en esa dimensión: habría que estudiarla mucho más allá que una mera instrucción. Se refiere esta resolución, para tener el tema muy claro, a un artículo, el 10 bis de la Ley General de Salud, que habla de la objeción de conciencia de los trabajadores de la salud, y yo lo mantendría así puesto que, en relación con el principio de subsidiariedad en el Derecho, me parece que la ley tiene que dar las mayores libertades posibles y ante los casos concretos especiales, pues para eso está la equidad, para eso está el Poder Judicial.

Valdría la pena aprovechar este momento para que se conozcan mucho más nuestros Derechos Humanos y los conflictos de bienes a los que nosotros muchas veces nos enfrentamos: ¿qué hacemos con este bien, con este derecho de conciencia que es individual?, ¿hasta dónde llega o se puede o no regular? Y por supuesto, respetar la objeción de conciencia como un derecho elemental sobre todo si queremos vivir en un Estado democrático de Derecho y escuchar a la comunidad médica, ¿hasta dónde se vale obligar a alguien a hacer algo contra su conciencia?, ¿hasta dónde podrían los trabajadores de la salud enfrentar consecuencias en caso de negarse a coadyuvar con algo que les parezca deleznable?

RE: Tú te has dedicado, Margarita, a formar generaciones de universitarios durante muchos años. ¿Qué mensaje tiene que enviarse en términos de un tiempo que debe hacerse propicio para los derechos? ¿Qué tendrían que estar recibiendo las nuevas generaciones?

MZ: Mira, no sólo por mi formación, sino por mi vida y por el momento que yo estoy viviendo en la Cámara de Diputados, sí les diría a estas nuevas generaciones que son hijos de quienes lucharon, formaron y lograron una transición democrática.

RE: Eso no es menor, y a veces da la impresión de que estamos como generaciones de la transición un poco avergonzadas…

MZ: No, a mí no me da vergüenza. Trabajé por la transición democrática y vi a mis abuelos que trabajaron por libertades elementales como la libertad religiosa, que es algo que ahora se discute mucho menos. De igual forma, la transición permite defender la democracia y defenderla con fuerza, y nuestros hijos son hijos e hijas de mucho esfuerzo, de un esfuerzo colectivo –utilizaría la palabra comunitario más que colectivo– que implicó sentar a la mesa a visiones muy distintas, y por eso es bien importante que salgan a la defensa para que sean ellos los que consoliden la democracia y el respeto a los Derechos Humanos.

También les diría que están viviendo un cambio de tiempos, como dicen, de signos de los tiempos: estamos viviendo un cambio de época en la que su actuar es fundamental y en esta tendencia que tenemos por virtud de la cual todo tiene que verse a través de un celular, que le dicen inteligente –ojalá el inteligente fuera el usuario y no el celular–, debería hacernos defender el concepto del bien común, que no es la simple suma de bienes individuales sino algo que todos compartimos y que sólo podemos alcanzar entre todos. Esa dimensión social del bien común habría que recalcarla hoy en día, ya que nos acercó a los nuestros durante una pandemia, sirvió para ver en los otros también nuestra realización.