A empezar de nuevo

Marco Polo Rosas Baqueiro

Magistrado de Circuito, Maestro y Licenciado en Derecho por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, donde ha sido profesor. Diplomado en Arbitraje Comercial Internacional por la International Chamber of Commerce México (ICC) y la Escuela Libre de Derecho. Académico en la Universidad de Morelia. Ha impartido cátedra en la Universidad de Morelia y el Instituto de la Judicatura Federal.

 

El 7 de septiembre de 2021, con profunda pena para muchos de nosotros, se aprobó por la Suprema Corte de Justicia de la Nación la despenalización del aborto en Coahuila y se expresó que es un referente obligatorio para todas las entidades del país, bajo la premisa principal de que nunca más se criminalizará a la mujer por abortar.

¿Justicia?

El artículo 17 constitucional nos habla de una justicia “completa” e “imparcial”.

Me parece que la decisión acoge la pretensión de una sola persona que se encuentra dentro del drama del aborto: la mujer, que “decidió” abortar y, en el mejor de los casos, este fallo le hace a ella “justicia”, pero no a todos los demás; por lo tanto, el fallo de la Corte, ni cumplió, ni satisfizo el ideal previsto por el precepto constitucional citado. Nos quedó a deber a todos los mexicanos.

Veamos.

Así como las autoridades solamente pueden hacer lo que les está expresamente permitido, pues aun tratándose de facultades discrecionales se tiene que motivar porqué lo son y no caer en el terreno de la arbitrariedad, los ciudadanos podemos hacer todo lo que no está prohibido. Si quieren prohibirnos algo o limitarnos, deben existir normas expresas que así lo determinen.

Por otra parte, el Estado, a través del legislador y su facultad de configuración legislativa, establece los valores o bienes jurídicos que se estima deben ser protegidos y lo hace mediante normas protectoras, leyes que fijan límites al actuar de los gobernados o con la instauración de tipos penales que dejan claramente precisado que quien realiza la acción prohibida se hará acreedor a una pena, sea o no privativa de libertad.

En el caso de la vida del ser concebido, pero no nacido, el legislador de la mayor parte de las entidades del Estado mexicano optaron por protegerla a través de la instauración de un tipo penal.

Hoy, con la decisión de la Corte, ha quedado determinado, mediante precedente judicial, que se estima inconstitucional proteger tal bien jurídico de la vida del concebido, a través de la criminalización de la mujer que aborta

Muy bien. ¿Y ahora qué sigue?

¿Cómo protegemos la vida del ser concebido, pero no nacido?

¿La descriminalización de la mujer que aborta es una permisión, bajo la figura de que lo no prohibido está permitido?

¿Habrá límites a esa permisión, aunque no sean penales?

¿Cómo mandamos el mensaje a la población de que el aborto no es un derecho, ni un método de planificación familiar; que constituye el ejercicio de violencia máxima en contra de otra vida indefensa, que para el tiempo de gestación, ya se encuentra definido su sexo y, por tanto, siguiendo las estadísticas poblacionales, en el 51.2% de los casos recaerá en una niña, en una mujer que no nacerá, por la decisión de otra mujer?

¿Cómo desincentivamos la práctica del aborto?

¿Cómo comunicamos a los casi 50 millones de jóvenes y niños mexicanos, que el aborto no está bien?

¿Cómo enseñamos que el peligro de muerte de la madre se incrementa en un 300% si decide abortar, aunque el aborto sea seguro y legal, que si opta por la maternidad?

¿Cómo enseñamos de las consecuencias físicas y psicológicas de quien se practica un aborto y del impacto que hay en una maternidad futura que sí sea deseada; en sus relaciones de pareja y en la violencia doméstica que se genera en otros hijos de la misma mujer que abortó?

¿Cómo enseñamos que el derecho constitucional y convencional a decidir no es a matar al producto de la concepción, sino a planificar la familia, pero siempre de forma responsable e informada?

¿Cómo mostramos que el desarrollo de un proyecto de vida no es incompatible con el respeto a la vida de otro ser humano?

¿Cómo enseñamos responsabilidad en el ejercicio de la sexualidad y responsabilidad también al progenitor varón, que tuvo todo que ver en esa concepción?

¿Cómo le mostramos a la mujer su desarrollo gestacional, para que sepa y tenga conciencia de a quién le va a arrebatar la vida?

¿Cómo enseñamos que el problema de salud pública, social, moral y psicológica es el aborto, no el embarazo?

Cada mujer que aborta es hija de alguien, esposa o pareja de alguien, familia de alguien.

¿Qué hace esa familia por contenerla, en ese momento difícil?

¿Qué hacemos como sociedad para mostrar que hay muchas opciones mejores al aborto?

¿Qué hacen otras mujeres, que dicen apoyar a la mujer, para ayudarla y respetar la vida del ser concebido, pero no nacido?

Necesitamos entonces un nuevo comienzo, en el que por principio de cuentas se hable con la verdad que hay detrás de la muerte de tanto niño inocente y hacerlo además del punto de vista religioso, médico, filosófico o de ciencias políticas, desde el estrictamente jurídico, que es el que con una buena lectura, es acogible por la Corte y por los legisladores.

Solamente así habrá una justicia completa e imparcial.

Yo me apunto. ¿Quién se suma?