Emergencia sanitaria por Covid-19: Derecho constitucional comparado

Alfonso herrera garcía

Doctor en Derecho Constitucional por la Universidad Complutense de Madrid. Investigador Nacional nivel I del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt.

Twitter: @jAlfonsoHerrera

 

Muy pronto han aparecido estudios jurídicos relacionados con el combate a la pandemia por Covid-19 que aún asola a nuestro país. Este libro integra un conjunto de primeras, pero ya sólidas reacciones a las implicaciones constitucionales de la expansión del coronavirus en el mundo.

El resultado es un libro de y para la reflexión del derecho constitucional comparado. Proporciona información respecto a las normas y realidades constitucionales de 16 países que representan el mismo número de distintos escenarios jurídico-políticos para enfrentar la contingencia. No falta un espacio para el derecho internacional público que, por obvias razones, tiene un protagonismo indubitable en el contexto de esta pandemia global.

Si tomamos como caso de reflexión a la Constitución mexicana, se advierte que en la discusión jurídica (que no en la política, donde no se evidenció esa ambivalencia) había al menos dos respuestas posibles. La primera: desplegar los efectos de la suspensión de derechos (art. 29). La segunda: desplegar los efectos de instalar el llamado Consejo de Salubridad General por casos de “epidemias de carácter grave” (art. 73). Esta posibilidad no implicaba una excepción constitucional ortodoxa sino, en principio, medidas preponderantemente administrativas de salud pública.

El gobierno federal mexicano no dudó en implementar el segundo procedimiento y excluir el primero. Sin embargo, desde el punto de vista constitucional, era posible pensar una distinta doble solución: a) declarar formalmente un estado constitucional de emergencia, con la consecuente identificación de derechos y libertades con tutela reforzada (no para suspender indiscriminadamente derechos, como estratégicamente se difundió en el discurso oficial, con el propósito de generar un rechazo social a la suspensión); y b) hacer convivir ambos mecanismos, estado de emergencia e instalación de Consejo de Salubridad, con una comprensión constitucionalmente adecuada de la crisis sanitaria.

Esta ruta dual de acción habría ceñido a las autoridades gubernamentales a someterse a los controles excepcionales del artículo 29 constitucional, en términos de derechos insuspendibles y de participación activa de los tres poderes de la Unión. Habría involucrado directamente al Congreso Federal en el análisis de la emergencia. El Congreso habría tenido el deber de aprobar el decreto presidencial inicial de suspensión. También le habría obligado a analizar si debían concederse, o no, distintas autorizaciones al presidente de la República para hacer frente a la gravedad de la crisis. Además, la Suprema Corte habría controlado ex officio el referido decreto y los acuerdos sucesivos. Nada de ello sucedió.

No puede pretenderse que las Constituciones provean de remedios inequívocos para casos extraordinariamente fortuitos. No se trata de apelar a la ilusión de que las normas jurídicas sean ellas mismas capaces de conseguir que los efectos de una pandemia se detengan por arte de magia. Los ordenamientos jurídicos no conllevan una suerte de fuerzas metafísicas para combatir estas graves contingencias.

Sin embargo, sí debe apostarse por tomarse en serio los instrumentos que en algún momento histórico se establecieron precisamente para posibles escenarios de riesgo, que pusieran en predicamento la supervivencia de la población. Esos instrumentos no fueron colocados en la Constitución de manera gratuita. No se previeron para protagonizar su inutilidad. Se establecieron y adoptaron para cumplir una función rectora, para disciplinar la actuación política frente a fenómenos incontrolables, o difícilmente controlables por la voluntad humana. Se pusieron ahí para algo: para disponer controles democráticos frente a potenciales crisis.

Como se muestra en este libro, las Constituciones sí tienen un papel que cumplir en los desoladores e inciertos días de una pandemia.