Comercio mundial y su futuro

Fernando de Mateo

Maestro en Economía por El Colegio de México y The Johns Hopkins University, y Economista por la UNAM. Profesor-Investigador y Coordinador del Diplomado sobre Negociaciones Comerciales Internacionales del Colmex. Fue Embajador Representante Permanente de México ante la OMC en Ginebra. Ha participado como funcionario en las más importantes negociaciones comerciales del país.

 

La pandemia ha dejado una crisis de la que México sólo podrá recuperarse a través de las exportaciones, pero Estados Unidos ha dejado al sistema multilateral agonizante. Ni Biden, ni Trump, podrán revitalizarlo.

 

El mundo está sumergido en lo que quizás sea la peor crisis económica en los últimos 90 años. El PIB mundial se contraerá en 6 por ciento en 2020. El volumen del comercio mundial ya descendió 18.5% en el primer semestre y su evolución en lo que resta del año en mucho dependerá de cómo se desarrolle la pandemia que aqueja al mundo. Un rebrote traería una disminución mayor en ambos indicadores. Los flujos mundiales de inversión directa también se han desplomado y los flujos migratorios se han reducido sensiblemente.

Para México la situación es todavía más complicada. Se espera una caída de alrededor del 10% del PIB y las exportaciones totales han bajado en cerca del 18% en el primer semestre. Igualmente grave –reflejando el pobre desempeño económico interno y de las exportaciones–, las importaciones cayeron en 20.5%. En las recientes crisis económicas de México, las exportaciones han sido el motor de la recuperación y en esta ocasión no será la excepción dado que la

inversión pública y privada y el consumo se mantendrán sumamente deprimidos. A su vez, su crecimiento dependerá de la evolución de la demanda agregada de su principal mercado, Estados Unidos.

Entre 1950 y 2010, el comercio fue el principal propulsor del crecimiento económico en el mundo. La tasa de crecimiento del intercambio de mercancías a nivel global fue de aproximadamente 2.5 veces mayor que el comportamiento de la economía. A partir de 2011, la razón entre ambas ha estado por debajo de la unidad. En el primer semestre de 2020, el comercio cayó dos veces  más que el PIB mundial. Es de notar que el año anterior el intercambio global de mercancías ya había tenido un crecimiento negativo tanto en volumen como en valor. Los montos de inversión directa seguían por debajo de los niveles alcanzados durante la Gran Recesión de 2008-2010.

Mucho se ha hablado de un proceso de reversión de la globalización económica, con un acortamiento de las cadenas productivas como resultado tanto de la crisis como de las políticas económicas llevadas a cabo por los dos principales actores en la economía internacional.

China ha seguido una política industrial de creación de mayores eslabones, particularmente de los de alta tecnología, a través de diferentes formas de subsidios. Estados Unidos ha buscado el mismo objetivo a través de políticas comerciales restrictivas. Ha incrementado los aranceles a China como también lo ha hecho con sus mayores aliados comerciales. Además, ha impuesto todo tipo de barreras a la exportación de insumos de tecnologías avanzadas al primero de ellos, en una lucha por la hegemonía tecnológica.

En rápida sucesión de eventos, el señor Trump abandonó el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) a los pocos días de convertirse en presidente. Amenazó con hacer lo mismo con el TLCAN. Puso salvaguardas a las lavadoras coreanas y mexicanas (la planta en México cerró). Argumentando amenazas a la seguridad nacional, impuso aranceles a la importación de acero y aluminio de sus principales socios comerciales.

Haciendo aquí un paréntesis, ni Estados Unidos notificó a la OMC las barreras impuestas ni los afectados lo hicieron cuando tomaron represalias. El sistema queda agonizante. Al tampoco permitir la selección de miembros para los puestos vacantes en el Órgano de Apelación, Estados Unidos ha dejado a la OMC cercana a la irrelevancia. Ya desde finales de la primera década de este siglo la función negociadora dejó de operar –salvo por el Acuerdo de Facilitación del Comercio (en 2013) y la prohibición de subsidios a la exportación de productos agrícolas (en 2015).

Pero aún venía más: una escalada en la guerra arancelaria con China. Si en enero de 2017 el arancel promedio de Nación Más Favorecida (NMF) en ese país era 3 por ciento, el aplicado hoy a China es de alrededor del 20%. En este momento hay una tregua después de haber negociado la “primera fase” de un acuerdo bilateral. Algunas de las obligaciones ahí contenidas seguramente violan el trato NMF del GATT.

También obligó a Corea del Sur a renegociar su TLC bilateral y a Japón, a firmar un acuerdo que es a todas luces violatorio de la OMC por su reducido número de productos abarcados.

México tuvo que renegociar el TLCAN para no sufrir las consecuencias de su desaparición. Con algunas mejoras importantes –tales como la consolidación de la reforma energética (escondida en una referencia al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico), las medidas de facilitación del comercio que van más allá del Acuerdo de la OMC, algunos aspectos sobre comercio electrónico, el desbloqueo del sistema de solución de diferencias1, así como la implícita reforma laboral–, a juicio de este autor, el Tratado anterior era superior al T-MEC, en especial por las insólitas nuevas reglas de origen a la industria automotriz y por el mecanismo rápido de solución de diferencias laborales que fue adoptado y que tiene el potencial de dar lugar a múltiples demandas frívolas –contra todo antecedente en acuerdos comerciales, la carga de la prueba queda en el acusado.

En la literatura económica se habla de que si bien en manufacturas la globalización va en retirada por la reasignación de los eslabones de las cadenas  productivas, en servicios –particularmente los intensivos en información y datos— la globalización ha venido desarrollándose rápidamente (ver gráfica)2.

Los servicios representan alrededor del 25 por ciento del comercio mundial total, pero si se incluyen los que vienen incorporados en las mercancías, según la OMC se acercan a la mitad del total. Con las medidas adoptadas por la administración de Estados Unidos contra las empresas chinas intensivas en información (Huawei, TikTok, etc.) seguramente habrá un desacoplamiento tecnológico, con las mismas consecuencias que tienen los obstáculos técnicos al comercio de mercancías. Puede resultar en dos sistemas de autopistas de la información, es decir, dos esquemas de internet desconectados entre sí –por ejemplo, se acaba de establecer en China un sistema de localización rivalizando con el GPS.  Pero la pandemia ha traído consigo un rápido desarrollo del comercio electrónico, las teleconferencias y los audiovisuales, además de cadenas productivas aún más dependientes de la inteligencia artificial, las tecnologías de la información y las telecomunicaciones mejoradas. México debería dedicar muchos más esfuerzos y recursos al desarrollo de su sector servicios. Su falta de competitividad se refleja en ocupar el lugar 25 entre los exportadores de estas actividades, en tanto que es el séptimo exportador manufacturero del mundo.

Los incentivos de seguir haciendo negocios entre, por un lado, el mayor mercado del mundo en términos de poder de compra y con un ingreso creciente y, por el otro, con la potencia todavía hegemónica en materia tecnológica, son demasiado grandes para que Estados Unidos y China no busquen llegar a un entendimiento. Pero si en este momento hay un tema en que republicanos y demócratas coincidan es en la percepción de que China ha abusado de Estados Unidos. No hay que hacerse ilusiones de que una segunda administración Trump buscará sacar al sistema multilateral de la grave situación en que sus acciones lo ha metido. Es un convencido nacionalista económico que busca el retorno de la industria manufacturera a su territorio. La lógica china es simétrica: durante muchos siglos y hasta parte del siglo XXI fue el mayor productor mundial de productos manufacturados y desarrollos tecnológicos. Desde su punto de vista, tiene el derecho de volver a ese puesto. Ya registra tres veces más patentes al año que Estados Unidos (los que saben de esto dicen que la calidad no es la misma), pero tiene un incentivo para proteger la propiedad intelectual.

Con una administración Biden existe la posibilidad de un retorno paulatino al multilateralismo –sin duda lo haría rápidamente en otros campos, como el de la salud. Dependiendo de quién sea su representante comercial, podría ver la importancia para su país de contar con un mecanismo eficiente de solución de diferencias y un Órgano de Apelación, tal vez modificado para tomar en cuenta las críticas que han hecho desde hace muchos años. Sin embargo, si esto ocurre –y el condicional es enorme— tardará algún tiempo en implementarse. Su prioridad no será el comercio.

Los intercambios internacionales tardarán en recuperarse, particularmente si hay una recaída en la pandemia. Definitivamente esto es malo para México, pues son las exportaciones las que lo sacarán de la crisis. Para su competitividad internacional las medidas proteccionistas de Estados Unidos tampoco son una buena noticia, pues sus ineficiencias se trasladan a nuestras exportaciones a través de los insumos que vienen de ese país3.  Por ello, a futuro la principal acción de política es no caer en la tentación del proteccionismo. Ya tuvimos la experiencia de la década perdida de los 80, la que se precipitó por mantener un modelo ya agotado en combinación con uno de explotación petrolera. También debe dar señales de que da la bienvenida a la inversión, particularmente cuando ésta ha caído dramáticamente como proporción del PIB. Finalmente, hay una urgente necesidad de promover los servicios modernos, relacionados con la computación la información y las telecomunicaciones4, pero también de modernizar el transporte y las aduanas.

 


1 Un gran logro inesperado, que pronto se pondrá a prueba si Estados Unidos le impone aranceles a las bayas y a los transformadores eléctricos mexicanos, como ha amenazado hacer.

2 Eric van der Marel, “Globalization isn’t in decline; it’s changing”. https://ecipe.org/publications/globalization-is-changing/. Las cifras las obtuvo el autor construyendo un índice a partir de las estimaciones del comercio en términos de valor agregado de la OCDE. Los puntos verdes muestran la proporción de comercio a producción. La línea anaranjada es el ajuste de la regresión

3 De conformidad con la UNCTAD, en 2019 cerca del 35% del valor agregado extranjero de las exportaciones mexicanas provenían de Estados Unidos y alrededor del 17% de China; Alemania y Japón contribuyeron con un 12% adicional (https://worldmrio.com/unctadgvc)/).

4 Euijin Jung del Peterson Institute for International Economics, quien estima que la pandemia y la guerra comercial de Estados Unidos con China beneficiarán fundamentalmente a México y Vietnam, si es que estos países adoptan las políticas internas adecuadas https://www.piie.com/blogs/trade-and-investment-policy-watch/vietnam-and-mexico-could-become-major-players-global-supply?utm_source=update-newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=piie-insider&utm_term=2020-08-05